Unidad I
SINTESIS DE TEMAS
Primera parte: El estudio de la política a través de sus conceptos.
a) La esfera de la política y el concepto de lo político. El poder político. Max Weber, Carl Schmith y David Easton. La política como profesión. Legitimidad y autoridad política. Ética política. Cultura política.
Bobbio, Norberto (1996) El filósofo y la política (Antología) México, FCE. Págs. 135-155
Easton, David (1982) Enfoques sobre teoría política Buenos Aires, Amorrortu. Págs. 216-231.
Camino Vela, Francisco (2003) El concepto de cultura política. Apuntes de Cátedra. Mimeo.
Schmitt, Carl (1985) El concepto de lo político. México, Folio ediciones. Pág. 15-33.
Weber, Max (1992) La política como profesión. Madrid. Espasa Calpe. Pág. 93-95, 149-164.
Coicaud, Juan-Marc.(2000) Legitimidad y política Rosario, Homo Sapiens. Cap. 1. ¿Qué es la legitimidad política? Pág. 21 a 36.
Poggi, Gianfranco (1985) El desarrollo del Estado Moderno. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes. Introducción. Pág. 21 a 40
La política y lo político. El Poder Político
Referir alo político es hablar del poder y de la ley, del Estado, de la nación, de la igualdad y de la justicia, de la identidad y de la diferencia, de la ciudadanía y de la civilidad, en suma, de todo aquello que constituye a la polis. (Rosanvallon, P. 2003) En cambio, la política es el campo inmediato de la competencia y la lucha por el ejercicio del poder, de la acción gubernamental del día a día, de la vida ordinaria de las instituciones, en síntesis refiere a los mecanismos de los actores para y hacia la conquista del poder, los símbolos y rituales utilizados, etc.
Conceptualizar la política implica reconocer el campo de actividades específicamente humanas relacionadas con el ejercicio del poder. Poder y política son dos dimensiones estrechamente vinculadas. Política y poder forman un binomio inescindible. El poder es la materia o sustancia fundamental del universo de entes que llamamos política. (Bobbio, 1988) El concepto de poder sirve para designar la capacidad de un sujeto en una relación o en términos de intensidad, la capacidad de un sujeto o grupos de individuos de influir, orientar y condicionar el comportamiento de otros individuos y grupos humanos. Weber decía que el poder político es “va más allá de un poder doméstico y que debe ser distinguido de él por principio, en cuanto no está orientado en primera instancia a dirigir la pacífica lucha del hombre con la naturaleza, sino que conduce más bien la batalla violenta de una comunidad humana con otras comunidades”.
La relación entre gobernantes y gobernados es la más concreta cristalización de poder político. De allí que política comprende el conjunto de relaciones entre individuos que luchan por la adquisición, la organización, la distribución y el ejercicio de una dimensión relacional especifica, el poder. Los hombres que definen su acción con y hacia el poder hacen de la política una profesión y ella también es parte necesaria del proceso histórico que ha complejizado nuestras sociedades desde la división social del trabajo.
Siguiendo a Norberto Bobbio, al poder político, frente a otras formas de poder -el ideológico, el económico, etc.- le es inherente el uso de la fuerza. ¿Con qué propósito? A fin de respaldar sus decisiones. Ello no compromete solo arbitrariedad y discrecionalidad, porque en el mundo moderno el poder político debe incluir la legitimidad en su universo específico. Sin embargo, y en “última instancia”, el poder político reconoce como dimensión central el uso exclusivo de la fuerza.
Hay dos maneras de entender la política que derivan de cómo se conjuga política y poder:
- La política como conflicto: Cuando se reconoce la existencia de una sociedad heterogénea y una pluralidad de centros de poder que a su vez constituyen relaciones de fuerza, unas permanentes y otras variables, modeladas siempre por el conflicto. Aquí la política es contraposición, lucha. La política es parte de una contienda que posibilita a determinados individuos o grupos que detentan el poder asegurar su dominio sobre la sociedad y apropiarse de sus ventajas.
- La política como composición. Acepta la idea de que la política va mucho más allá del conflicto. La política es una búsqueda insistente en la unidad de un poder común. La política es un esfuerzo por hacer primar el orden y la justicia, siendo el objetivo fundamental del poder asegurar el interés general y el bien común contra la presión de los intereses particulares. El conflicto es reemplazado por un imaginario orientado hacia el consenso. De esta visión se desprende ciertas concepciones que “reducen la política” al campo de la gestión, de una “tecnología” del poder, de administración de los asuntos públicos.
Lo político en Weber, Schmith y Easton
En Max Weber (Alemania, 1919) es clara la determinación del poder político como el poder coactivo por excelencia. Sin embargo, el uso de la fuerza como mecanismo específico no es suficiente para definir la naturaleza del poder político: cuenta el monopolio de la coacción legítima. Para que el poder coactivo pueda ser considerado legítimo, debe ser exclusivo, en el sentido de que debe impedir el recurso a la fuerza por parte de sujetos no autorizados. Legitimidad que se refuerza al reconocer su validez bajo alguna justificación ética o fundamento de otro orden con el propósito de su aceptación por los subordinados. Weber es muy preciso: “un grupo de poder debe llamarse grupo político en la medida en que su subsistencia y la validez de sus ordenamientos dentro de un territorio dado con determinados límites geográficos son garantizados en forma continua mediante el empleo y la amenaza de una coerción física por parte del aparato administrativo”.
Para Carl Schmitt (Alemania, 1927) la política debe definírsela fuera de su anclaje institucional o sea del Estado. Para llegar a un concepto es necesario identificar su ámbito distintivo de decisiones. La esfera de la política coincide con la esfera de la relación amigo–enemigo. El origen y aplicación de la política se funda en el antagonismo que implica la asociación y defensa de los amigos y la división y combate de los enemigos. Su visión parte de entender la vida social en su naturaleza desordenada y amenazante. Su contexto histórico social es la crisis del liberalismo y el ascenso de las derechas en el período de entre guerras. Según Schmitt las interacciones relativamente ordenadas solo pueden mantenerse dentro de contextos o sociedades separadas, cada una de las cuales debe primero y, principalmente, mantener a raya la amenaza de desorden y catástrofe planteada por otras sociedades exteriores que son enemigas de sus intereses y dispuestas a avanzar sobre ellas. La política se consagra al establecimiento y mantenimiento de los límites entre naciones y en particular la protección de la identidad cultural de cada una de estas contra las amenazas exteriores. Acepta abiertamente el decisionismo en tanto el derecho no puede ocuparse de la determinación de la relación amigos – enemigos al ser estos vínculos demasiados vitales para ser sometidos a una norma fija e imperecedera. La política es anterior al derecho. A diferencia del Estado de Derecho, Schmitt va a imaginar un Estado de Poder, en el sentido de la reunión del monopolio de la decisión política por la cual se levanta una autoridad absoluta, de un Estado que es ante todo Poder. Quiere decir, que hay una zona incontrolada por el derecho, que escapa a la dominación legal. Esta zona es lo estrictamente político. Por último, la política implica una preparación intensa para el posible conflicto con los otros enemigos. El combatiente –el partisano- en es el actor central de la política.
David Easton (EEUU, 1953) La política se ocupa de la distribución y el manejo de un recurso -la aptitud de emitir ordenes exigibles y sancionadas- que a su vez pueden usarse para hacer más distribuciones de otros objetos. Aplica el concepto sólo a las distribuciones basadas en ordenes (mando) cuyos efectos directa o indirectamente son validos para la sociedad en su conjunto. Las distribuciones efectivas solo pueden producirse cuando los mandatos son vinculantes. La empresa política implica relaciones particularmente visibles y exigentes de superioridad / inferioridad, y en general utiliza como sanción última la coerción física. Parte de unavisión economicista de lo social. La sociedad y sus procesos consisten en un flujo continuo de diversas actividades mediante las cuales un número limitado de objetos valiosos se transfieren a y de individuos interactuantes, cuyo primordial interés consiste en adueñarse y disfrutar de ellos.
La política como profesión:
La división social del trabajo configura sujetos sociales que asumen la política como un campo profesional específico, con sus propias reglas y en gran medida, “valores”. La emergencia del concepto de clase política durante fines del siglo XIX (Gaetano Mosca) refiere al reconocimiento de un tipo de político profesional. También la presencia de una especial relación con la ética. Max Weber destacaba los atributos del político como una combinación de la ética de la responsabilidad y la convicción, planteaba además las cualidades del político profesional: la pasión en la entrega hacia una causa, enemiga de toda vanidad; la capacidad de distanciamiento de las cosas y las personas y el tomar en cuenta la realidad tal como es. A partir de estas dos últimas cualidades es posible conocer los resultados con cierta antelación para remitir mayormente a las "responsabilidades". En cambio, la primera cualidad y parcialmente aspectos que derivan de la segunda nos llevan a la ética de las "convicciones".
Legitimidad política
El significado del término “legitimidad”, cuyo empleo se verifica por primera vez en los textos medievales, conserva la idea de “conformidad de la ley”. Sin embargo, en el uso que la modernidad y la emergencia de la democracia le ha dado - superando en una eventual estrechez que remita legitimidad con legalidad -, la legitimidad debe ser pensada en términos de derecho de gobernar y obligación en la obediencia siempre posible si una comunidad acepta la coordinación social bajo el clivaje de la política. Fue Max Weber quién ofrece una fórmula “moderna” al sostener que la legitimidad política tiene un carácter racional (creencia en la legalidad) y una naturaleza carismática (fe en las cualidades extraordinarias de una persona).
Las dimensiones de la legitimidad política solo son posibles en términos del derecho de gobernar “trata de aportar una solución a un problema político fundamental, aquél que justifica simultáneamente el poder político y la obediencia.” (Raymon Aron) ¿Y qué es gobernar? “Es un acto de derecho a condición de que aquellos que gobiernan y aquellos que obedecen se pongan de acuerdo sobre los valores que la política quiere promover”. La legitimidad en términos de poder y obedienciaconstruye el derecho de gobernar y su resultante, la obligación política (de obedecer). Para que ella prospere debe sostenerse en una dimensión fundamental, la que hace al Tiempo: la duración, lo empírico, los meses, los años de afirmación de una relación de mando obediencia, ¿para qué? Es la forma de probar, a través de la práctica, la consistencia del deber de obediencia a la Constitución
Legitimidad de un gobierno: Según Guglielmo Ferrero: cuando el poder es conferido y ejercido de acuerdo a reglas de sucesión aceptadas por todos sin discusión, tanto por el gobierno que las debe respetar como por aquellos que deben obedecer.
Legitimación del poder: poder regulado y encuadrado por un vínculo jurídico-institucional reconocido y aceptado por todos, que justifica el derecho legítimo y autoriza a tomar decisiones vinculantes para la sociedad. Basado en la confianza. En síntesis la legitimidad política requiere tres condiciones: consentimiento, valores y conformidad a la ley
Ética Política.
Premisa: hay un sentido común –crítico o justificativo- que reconoce en el hombre político un comportamiento de manera discordante con la moral común: que lo que es ilícito moralmente puede ser considerado y apreciado como licito en político, en suma, que la política obedece a un código de reglas o sistema normativo diferente al de la conducta moral y en parte incompatible con él. (Bobbio). Por ello la política ha logrado, en el largo proceso de gradual secularización, formación de los estados y complejización de nuestras sociedades, un carácter autónomo respecto a la moral. Referimos a universos éticos diferenciados, que tienen su dinámica en principios distintivos. Esta diferenciación podemos hallarla en Max Weber en La política como profesión y su conceptualización entre una ética de la convicción y otra de la responsabilidad. Sin embargo, fue Maquiavelo quién en El Príncipe realizó la mas tajante distinción a partir de establecer la teoría de la política que defiende su separación de la moral. A pesar de ello, la política y la moral suponen una relación común que se extienden en el dominio de la acción y de la praxis humana. Sí se acepta que logran distinguirse entre sí por el distinto principio o criterio de valoración y justificación de sus respectivas acciones, con la consecuencia de lo que es obligatorio en moral no significa que es obligatorio en política. Aquí juega la clásica distinción entre fines y medios.
Las teorías “justificadoras” según Norberto Bobbio
1) La derogación de la ley moral para la política debido a una circunstancia excepcional. 2) La teoría de la ética especial. Ya no es la circunstancia sino que importa el tipo de sujeto en relación a la naturaleza de la actividad que desempeña. Hablamos de una moral singular que refieren a “éticas profesionales” como “morales singulares”.3) La teoría de la superioridad de la política Aquí se admite la existencia de sistemas distintos pero considera jerárquicamente superior al sistema político. La razón de Estado se traslada de alguna manera a la razón del político.4) El fín justifica los medios: momento de Maquiavelo. Una formula dualista donde se distinguen dos tipos de acciones: las finales, que tienen valor intrínseco, y las instrumentales, que tienen un valor sólo en cuanto sirven para alcanzar un propósito. El núcleo central del maquiavelismo es la “la afirmación de que la esfera de la política es la de las acciones instrumentales que, en cuanto tales, deben ser juzgadas no en sí mismas, sino con base en el mayor apego para el logro de la meta”.5) Las dos éticas: momento de Max Weber. Hablamos de dos morales: La ética de la convicción o de los principios: refiere a alguna proposición prescriptiva cuya función es la de influir de manera más o menos determinante en la realización de una acción, para así juzgarla positiva o negativamente. Weber pone el ejemplo de las dificultades de ponerla en práctica exclusivamente por sus derivaciones.
En cuanto los vínculos entre derecho y política se debe destacar que son muy estrechos, en tanto que toda acción política se lleva a cabo a través del derecho y el derecho (como conjunto de normas para vida organizada) constriñe la acción política.
Cultura política.
El concepto apunta a comprender la existencia de actitudes, normas, valores, información, conocimientos y creencias generalizadas que definen los fenómenos políticos. La cultura política procura abarcar los aspectos subjetivos y ponerlos en relación con la institucionalidad y la práctica política de una sociedad. En términos sistematizados forman parte de la cultura política de una sociedad: 1) Las orientaciones básicas hacia los objetos políticos; 2) los conocimientos acerca del proceso político; 3) las ideologías y concepciones del mundo que forman parte del componente cognoscitivo a partir del cual los individuos evalúan la vida política; 4) las normas y valores que rigen dicho procesos; 5) los lenguajes, las imágenes y los símbolos políticos; 6) las tradiciones, mitos y costumbres asociados a los fenómenos políticos.
b) El Estado. El régimen político. Las instituciones políticas de gobierno.
Lettieri, Alberto (2004): Seis lecciones de política Buenos Aires, Prometeo. Cap 2. Pág. 51-83 y 129-134
Orlando, Hipólitoy Alicia Olivieri Alberti (1998) Las instituciones política de gobierno Buenos Aires, Eudeba. Las instituciones de gobierno. Pág. 15 a 26.
El abordaje del concepto Estado ha sido paralelo al de sociedad. Ambos términos han ocupado un lugar destacado en la reflexión de la modernidad. De hecho, esos conceptos pertenecen al tiempo de transición y ruptura con el orden cristiano feudal. De allí que el uso correcto del término Estado debe ver en él una forma históricamente determinada y no una categoría universal aceptada en todo tiempo y lugar. Por lo tanto se han dado formulas compuestas que hablan de Estado liberal, democrático, totalitario, de bienestar, de derecho, constitucional, socialista, mínimo, entre otras. Lo cierto es que el origen histórico particular del Estado fue a partir de sus rasgos peculiares respecto a la progresiva centralización del poder y al monopolio de la coacción. Un concepto aproximado definiría al Estado como el cuerpo político caracterizado por ser una organización dotada de la capacidad para ejercer y control el uso de la fuerza sobre un pueblo determinado y un territorio dado (Cansino, Cesar). Esta definición, sin duda esta en deuda con Weber que destacó el monopolio legítimo de la violencia. Otra definición sería: Un conjunto de instituciones y de relaciones sociales que normalmente penetra y controla el territorio y los habitantes que ese conjunto pretende delimitar geográficamente. Esas instituciones tienen como último recurso, para efectivizar las decisiones que toman, a la supremacía en el control de medios de coerción física que algunas agencias especialmente del mismo estado normalmente ejercen sobre ese territorio. Esa supremacía suele respaldar la pretensión que las decisiones estatales sean vinculantes para todos los habitantes de su territorio. (O`Donnell, Guillermo, 2004). Otro concepto, más estrecho “Conjunto de dispositivos institucionales para gobernar, que opera a través de las actividades continuas y reguladas de individuos que actúan como ocupantes de cargos”. (Poggi, 1997)
En los estudios especializados sobre el Estado, hubo vertientes teóricas que negaron la centralidad del término y lo reemplazaron por el de “sistema político”. Hubo otras que, realizando un largo recorrido desde el contractualismo hasta el liberalismo contemporáneo, sin neutralizar el concepto, prefirieron asumirlo como parte de la experiencia histórica del Estado limitado, mínimo, liberal, etc. La crítica, acerca de su función y relación social vendrá mayormente desde el marxismo. Ya sea en clave de extinción, instrumento, superación, las distintas vertientes del marxismo destacan el papel del Estado en la dominación de una clase sobre otra.
Su construcción ha sido histórica y se caracterizado por:
- Soberanía: es excluyente en cuanto a reconocer su poder sobre campos específicos.
- Territorio: el espacio y la población
- Un aparato administrativo de naturaleza burocrática
- Sistema estatal
- La centralización del poder
- La impersonalización del mando.
- La secularización.
- La fiscalidad
Régimen político
La voz régimen político resulta difícil de precisar, aunque muchos la asocian con la idea de forma de gobierno o sistema político. Es un concepto con un grado importante de variabilidad. En principio, el régimen político puede ser entendido como un conjunto de instituciones formales y reglas que sirven para el desenvolvimiento de las relaciones políticas. En gran parte el régimen se define por las normas jurídicas y de costumbres, que estan consignadas en la Constitución y en las leyes. En régimen político se ubica entre el Estado y el sistema político. Este último se centra en la puesta en práctica de las relaciones de poder o en términos de Juan Carlos Portantiero: “la de un conjunto de instituciones y procesos políticos, gubernamentales y no gubernamentales, desempeñados por actores sociales constituidos como tales y dotados de una cierta capacidad de poder”.
Instituciones políticas de gobierno
Una perspectiva conocida como neoinstitucionalismo reconoce el lugar epistemológico de las instituciones. Las instituciones son conjunto amplio de normas, regulaciones y prohibiciones, algunas legalmente plasmadas y otras cristalizadas en las costumbres y la cultura. El concepto reconoce la permanencia o arraigo social, “el lugar o ámbito de un principio de conducta”, aunque puedan no estar sancionadas jurídicamente y sujeto a contingencias históricas.
Las instituciones políticas son ordenamientos legales cuyo propósito es orientar las acciones de mando. En tanto entendamos al gobierno como un conjunto de instituciones donde se estructura un esquema de autoridad para la toma de decisiones. Según Orlandi: “Las instituciones políticas de gobierno están constitutitas por órganos que se desarrollan históricamente hasta alcanzar una estabilidad en el tiempo, una estructuración en cuanto organización y una formalidad en sus procesos internos y en los modos de relacionarse unas con otras”.
c) Política, antipolítico, decisionismo y ética en tiempos democráticos: la experiencia democrática en la Argentina del presente
Mocca, Edgardo (2005): “La antipolítica argentina”. En Revista Debate Nº 105, Buenos Aires.**
Mocca Edgardo (2008). “El trasfondo de la disputa con el campo”. Revista Debate nº 270, Buenos Aires.*
BotanaNatalio R (2008). “Cien días de irresponsabilidad”.La Nación, Buenos Aires, 19 de junio.*
Tonelli,Luis (2008): “Agropopulismo un nuevo movimiento antiestatista, profundamente individualista y anárquico”.Revista Debate nº 275, Buenos Aires. *
Quiroga, Hugo (2005): La democracia es como la hacemos La Argentina en emergencia permanente. Edhasa, Buenos Aires. **
Quiroga, Hugo (2006):La política en tiempos de dictadura y democraciaenQuiroga, Hugo y César Tcach (compiladores) “Argentina 1976-2006 Entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia”. HomoSapiens, Rosario, 2006 **
La experiencia política reciente y en particular los temas en discusión durante el largo conflicto entre el gobierno y las corporaciones agrarias durante la primer parte del año 2008 y las acciones de los distintos actores e instituciones involucrados, son un material adecuado para abordar la dimensión política e institucional de las democracias contemporáneas. La tensión entre política y antipolítico es el primer aspecto a tener en cuenta. Con Edgardo Mocca reconocemos el legado de los orígenes de la reflexión sobre la política y en el más cercano, de pretensiones movimentista y unanimista, de no pocos actores políticos, y el consecuente antipoliticismo. La antipolítica resulta del rechazo a la dimensión conflictiva de la política. En la Argentina de nuestro tiempo el antipoliticismo pareciera haber logrado un status de ciudadanía plena luego de la debacle del 2001. Además, ha recibido un poderoso impulso como reacción a los sucesos trágicos de Cromagnon en diciembre de 2004, retornando en el contexto del conflicto de 2008. Frente a estos últimos sucesos muchos actores operan desde una política que dice estar más allá de su propia lógica y que se enrolan en el mundo de la antipolítica, bajo pretensiones unanimista de un consensual y homogéneo “pueblo”, “nación” y “patria”. En términos de Mocca la antipolítica es “la presunción de la existencia de un interés general unívoco y transparente que es desconocido o burlado por la dirigencia, la existencia de saberes técnicos indiscutibles olvidados o ignorados por los políticos”. La antipolítica reduce la política a tecnologías de dominación. También Mocca nos ofrece una dimensión conceptual sobre la política en términos de una actividad humana con jerarquía propia, no tributaria de la ética ni de la economía ni de la ideología. Es el arte de afirmar un bien común democrática y pluralmente construido, de canalizar pacífica y productivamente los conflictos constitutivos de una sociedad múltiple y compleja con un horizonte de ciudadanía plenamente ejercida por todos.
Además de esta tensión entre política y antipolítico, están los aspectos de las dos éticas presente en la actuación política – convicción y responsabilidad -, junto a ello las cualidades que hacen al político profesional. Natalio Botana recurre a ambas dimensiones para analizar el comportamiento de algunos actores en una suerte de balance del conflicto entre el gobierno de Cristita Fernández y las corporaciones agrarias.
El decicionismo. Como campo para la reflexión se parte de una crítica a la tradición liberal y parlamentaria. Es Carl Schmitt quien nos ofrece una perspectiva teórica a partir de pensarsituaciones de la vida política de extrema intensidad de permanente excepción, que reclaman decisión. Cuando distintas posturas políticas chocan entre sí de manera final, entonces llega la hora simplemente del Estado y de quien lo detenta, la fuente única de decisión “como todo orden, el orden legal se funda en una decisión”.
Hugo Quiroga nos ofrece una mirada de conjunto de la historia reciente del país. También un análisis del decisionismo, muy caro a la narrativa de Carl Schmitt. Para comprenderlo el autor recurre a una lectura de la actualidad argentina en clave de “emergencia permanente”. El estudio completo, con fundamentos de filosofía política e historia constitucional, le permite a Quiroga entender el derrotero del régimen político argentino y su consumación en decisionismo democrático. Este decisionismo descansa en la vitalidad del liderazgo presidencial, aunque es algo más que expresión de un eventual despotismo del ejecutivo signado por el abuso de sus atributos constitucionales hacia un activismo legislativo incesante. De allí que importa analizar esas capacidades legislativas del ejecutivo y la manera en que son legitimadas por el parlamento. El decisionismo democrático argentino funda sus raíces en la doble lógica de la delegación y la responsabilidad de quienes están obligados a poner limites a la voluntad por demás exigente del poder ejecutivo. Ello es posible por la historia nacional de un tipo de legitimidad, que vive al ritmo de la emergencia permanente. Quiroga destaca un decisionismo absoluto forjado en tiempos de la dictadura y el presente de decisionismo democrático. Además, en “La política en tiempos de dictadura y democracia” hay un preciso análisis, histórico y conceptual, de las diversas maneras en que la política se desenvolvió en la Argentina. Ya sea la política como ejercicio de la violencia, como tecnología del poder, como posibilidad de la guerra, como composición y conflicto, como Leviatán y Behemoth, como lucha por el poder y su distribución, inclusive por fuera de la lucha por el poder, como construcción-expresión de una esfera pública, etc. Los tres momentos de la historia política pos dictadura, de participación, representación e impugnación, da lugar, según el punto de vista del autor, para comprender el estado de la democracia, en términos de un transito-complemento de la democracia de audiencias y el decisionismo democrático. No menos importante es su referencia al clientelismo político y las dificultades por construir una ciudadanía moderna basada en principios de autonomía.
Segunda parte: Perspectivas y método.
c) Origen, sistematización y desarrollo de la Ciencia Política. El paradigma conductista y la hegemonía norteamericana. Teorías económicas de la política. La ciencia política europea. La comparación en los estudios politológicos. Temas recurrentes de la ciencia política: las formas de gobierno. La Ciencia Política en la Argentina.
Pinto, Julio (1996) Introducción a la ciencia política. Buenos Aires. EUDEBA. Pág. 11-56; 113-123.
Bobbio, Norberto(1994) La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento. México, FCE. Pág. 7 a 20.
Origen, sistematización y desarrollo de la ciencia política.
Desde la antigüedad existe el propósito de descubrir leyes de causalidad que permitan entender cómo se gobiernan los procesos políticos. Sin embargo es recién hacia la década del setenta del siglo XIX cuando la ciencia política nace como tal. Su origen coincide con los intentos por buscar respuestas a problemas específicamente políticos derivados de la emergencia de las sociedades de masas y su democratización. Ello requería soluciones instrumentales y cierta comprensión del funcionamiento de los actores, las instituciones y los procesos políticos. De allí que entre 1870 y 1950 se produce un lento y largo proceso de delimitación del campo de investigación de la ciencia política. Ese proceso fue acompañado con la creación de instituciones de estudios y su progresivo reconocimiento dentro de los ámbitos académicos. La denominación ciencia política va abriéndose espacio, logrando tomar distancia efectiva de la filosofía política, el derecho público, la historia política. Si bien es cierto que durante ese tiempo convive bajo un criterio plural: se habla de ciencias políticas que busca diferenciarse de aquellos campos pero que muchas veces lo incluye. El texto clásico que marca la emergencia de la ciencia política es Elemento de ciencia política(Turin, 1896) de Gaetano Mosca. En esa obra se formula uno de los conceptos más representativos de la ciencia política: laclase política. La obra de Mosca ofrece orientaciones validas para el análisis de los elementos constitutivos de los mecanismos del poder y consideraciones para el estudio empírico de la política. Fuera de la obra de Gaetano Mosca, como otro punto de nacimiento con el dictado del primer curso de ciencia política por primera vez en una universidad de los Estados Unidos, la Columbia University.
Desde una perspectiva diferente y autoreferencia, Giovanni Sartori discute aquel itinerario y establece otra fecha para el nacimiento de la disciplina: “La ciencia política, según entendemos actualmente el término, nació en Europa Occidental a principios de la década de 1950. Se podría decir que “renació”, pero eso no sería del todo preciso, porque en siglo XIX y hasta la segunda Guerra Mundial, dicha etiqueta señaló una disciplina cautiva dominada, en gran medida, por los enfoques jurídicos o históricos (como en el caso de Gaetano Mosca). De este modo, la ciencia política tuvo un nuevo comienzo y se convirtió en un campo de investigación por derecho propio más o menos hace medio siglo. En ese tiempo, yo fui un de sus fundadores. Soy, por lo tanto, uno de los testigos de lo que los “jóvenes turcos” de ese entonces tenían en mente, de cómo concebimos y promovimos la ciencia política”. (Sartori, 2004)
Originalmente, el estudio de la política se centraba en el problema del buen gobierno. Hasta ese momento era analizado por la filosofía política. Hoy, la ciencia política se ha transformado enteramente, concentrándose en el estudio de lo que “sucede” en la política y preocupándose solo de manera tangencial de aquello que “debe ser” en la política.A pesar de lo anterior es pertinente la advertencia de Julio Pinto en cuanto a que los distintos paradigmas que construyeron y consolidan la ciencia política se convierten en paradigmas de la política en el sentido de profecías autorealizables. Un claro ejemplo es las diversas teorías de la democracia.
El poder, el Estado, el gobierno (tanto el buen como el mal gobierno) ya no ocupan todo el espacio de análisis político y han cedido terreno a la organización y funcionamiento del sistema político, a la constitución de los actores política, la cultura política, los partidos, las elecciones, entre otros temas.
Siguiendo la definición del diccionario de Norberto Bobbio: la ciencia política puede ser usada en un sentido amplio y no técnico para denotar cualquier estudio de los fenómenos y de las estructuras políticas, conducido con sistematicidad y con rigor, apoyado en un amplio y agudo examen de los hechos, expuestos con argumentos racionales.
El paradigma conductista y la hegemonía norteamericana. Teorías económicas de la política.
El carácter pragmático, realista y empirista de la ciencia política esta directamente asociado al ambiente donde germinó y se desarrolló con mayor éxito: los Estados Unidos. La impronta del conductismo en las ciencias sociales también impactó en la ciencia política. Se proponía un desplazamiento –y un alejamiento- de las dimensiones institucionales y formales de la política, dejar atrás el enfoque jurídico y legal hacia la misma, y el centro de interés se trasladó hacia las interacciones individuales y los grupos. Para ello se transfiere mecánicamente la formula sencilla de “la teoría de la acción humana” del conductismo a los comportamientos políticos de los hombres. Un fuerte individualismo deriva de todo ello. El conductismo define como objeto de la ciencia política el estudio de la personalidad y la actividad política del individuo. Se afirmo un enfoque destinado a producir un tipo de ciencia desprovista de juicios de valor, cercana en su método al de la Ciencias Naturales, capaz de cuantificar y mensurar. El centro eran “los comportamientos reales” de múltiples actores –individuos y grupos- y para ello se comenzaron a incorporar elementos de la Psicología y la Sociología.
La falta de un enfoque general hizo posible el ingreso de la Teoría de los Sistemas al campo conceptual de la ciencia política. A partir de los años cincuenta el concepto de sistema político se impuso. La fusión que hizo David Easton posibilitó que durante varias décadas el lenguaje y los estudios de ciencia política hayan tenido su sello, dando sentido a la hegemonía intelectual que a partir de la segunda posguerra ha logrado el campo académico norteamericano sobre gran parte de Occidente. Enfoque que intentó responder a la pregunta: ¿cómo logran persistir los sistemas políticos en un mundo donde coexisten la estabilidad y el cambio? Por ello, su centro de interés no es el cambio, sino el equilibrio. Por lo tanto la premisa básica es que los sistemas para sobrevivir tienen que poseer la capacidad de responder a las perturbaciones y, en consecuencia, de adaptarse a las circunstancias (el ambiente) en la que se hallan. Para comprender dicho enfoque hay que manejar un léxico básico: ambiente, perturbaciones, insumos, producto, demanda, apoyo, circuito de retroalimentación, etc.
La teoría sistémica de la política fue complementada con la aceptación del modelo de la economía neoclásica y su idea equilibrio general. En su perspectiva se supone que el gobierno y la política son similares -en cuanto a funcionamiento- a los mercados y a la naturaleza individualista de las sociedades que aspiran a maximizar los beneficios políticos y a reducir la zona de incertidumbres en cuanto a las pérdidas posibles. Las elaboraciones de Joseph Schumpeter (1942) sobre la democracia fueron el mejor antecedente y ejemplo de la irrupción del economicismo en los estudios politologicos. Bajo esta perspectiva nace la teoría de la elección racional que considera el calculo racional del individuo orientado a maximizar sus objetivos personales constituyendo la norma fundante de la acción política. Entre los años cincuenta y finales de los setenta del siglo XX se impuso esta analogía del mercado y la noción de competencia para el análisis de los fenómenos políticos, y en el tema de la producción de liderazgo a partir de criterios de negociación, intercambios e incentivos.
Un inventario aproximado acerca de los temas de investigación imperantes bajo ese paradigma dominante del conductismo en la ciencia política es el siguiente: a) el estudio de la personalidad política y de las elites políticas; b) de las actitudes políticas y de la opinión pública, incluyendo el análisis de contenido de los medios de comunicación de masas; c) del comportamiento electoral y de la participación política.
La ciencia política europea
Hacia los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado una nueva perspectiva se impone: el neoinstitucionalismo. Bajo la premisa de que “las instituciones importan” consiste “básicamente en recuperar el lugar epistemológico de las instituciones, devolverles su valor explicativo, en base a la noción de que no determinan el rumbo de un país pero que –junto a otros factores, como la estructura económica, el cuadro social, los poderes fácticos, las influencias externas, etc.– sí contribuyen a orientarlo”. (Natanson, 2008) Este cambio se produce en parte del ambiente académico norteamericano, aunque también venía progresando en la escena europea.
Por otra parte la ciencia política cultivada en la Europa del último cuarto del siglo XX logró superar su estrecha dependencia del mundo intelectual norteamericano y reiniciar estudios vinculados a sus inicios. Su dialogo con la filosofía política y con la historia política es parte de ese cambio. El abandono de un empirismo rampante coloco a la ciencia política europea en un retorno a los temas del buen gobierno. También el regreso a la matriz weberiana y de la sociología política. Además la apropiación del método comparativo para avanzar en la comprensión de los fenómenos políticos. Con ello se recupera parte de la tradición que proveniente desde los clásicos modernos: Locke, Monstesquieu, Tocqueville, entre otros.
La comparación en los estudios politológicos
La expresión política comparada designa en general, en la perspectiva de la ciencia política contemporánea, la utilización por parte de los estudiosos de un particular método de control –la comparación- en el procedimiento de verificación (y/o de falsificación) empírica de las hipótesis, de las generalizaciones y de las teorías que conciernen a los fenómenos políticos. (Urbani, 2002)
Giovanni Sartori: sostiene que “La comparación es un método de control de nuestras generalizaciones”. También observa que la comparación presupone la clasificación. Se imponen las siguientes preguntas ¿por qué comparar? ¿para qué comparar? La comparación: agudiza nuestra capacidad de descripción, es un mecanismo valido para formular conceptos, otorga criterios para verificar hipótesis y ayuda a construir teorías. ¿Qué se busca desde la comparación? Explicar regularidades, procesos, explorar patrones, destacar rupturas entre distintos sistemas políticos. ¿Cuáles son los presupuestos metodológicos?: Sistematicidad, apertura y el abandono de formulas universalistas El método comparativo pone a prueba las generalizaciones e hipótesis causales que se han producido en la ciencia y recurre a las técnicas estadísticas y al análisis histórico.
Para llevar a cabo con éxito la empresa de comparar es imprescindible. a) Tener una hipótesis clara. Ejemplo: los países delcono sur afrontan sistemas políticos donde el primer obstáculo essu baja institucionalización debido al pasado de caudillismo, autoritarismo y débil constitución de su sociedad civil. b) Seleccionar adecuadamente las variables de análisis. b) Definir bien las propiedades y atributos de los casos a analizar para saber qué conceptos utilizar. c) Atender a la dimensión temporal – la comparación será sincrónica si se observa distintos casos en un momento dado, y diacrónica si se analiza el mismo caso, o varios, en momentos diferentes o sucesivos-; d) Elegir el número de casos.
Temas recurrentes de la ciencia política: las formas de gobierno.
Bobbio, Norberto(1994) La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento. México, FCE. Pág. 7 a 20.
La filosofía política dispone de temas recurrentes, clásicos en sus alcances. Estos temas desbordan a la filosofía política y comprometen a los cuentistas políticos en las lecturas sobre el poder de gobernar y sus formas. Cualquiera de esos temas recurrentes comprometen a lo político de la actividad política. Y entre los temas dominantes las formas de gobierno es el más destacado. Son útiles tanto para la conceptualización, la tipificación, como también, para producir avances en la reflexión sobre la política. Siempre encontraremos en estos temas recurrentes, una dimensión descriptiva (apostando a una clasificación y recurriendo a su historia) y otra prescriptita (estableciendo preferencias en el plano de los valores en términos de formas buenas y malas). Las tres formas de gobierno conocidas por la historia (de muchos, de pocos y de uno), junto a la reflexión sobre la necesidad de establecer formulas mixtas, hacen a una discusión histórica, también presente y seguramente para el futuro de estos estudios.
La Ciencia Política en la Argentina.
Las “ciencias políticas” en el país (en su sentido plural) nacen a principios siglo XX. En sus orígenes cuenta la temprana aparición de la primera Revista Argentina de Ciencias políticas en 1910 fundada por Rodolfo Rivarola. Este campo de estudio se lo definió como “materia de observación científica de los hechos sociales” y “como ciencia de acción”. En entre los objetos a estudiar contaban el examen normativo de las constituciones (nacional y provinciales), el debate sobre las instituciones de la representación el federalismo, la legislación electoral y la legislación en general, hasta la políticas públicas áreas tan diversas como el transporte o las finanzas.
Hay quienes entienden que la Ciencia Política coincide en sus orígenes con un “pensamiento político argentino” o con una Historia de las ideas políticas, y por eso hay que remontarse al proceso de independencia del país. Hay otros, que toman los años cincuenta del siglo pasado como el punto de partida, coincidente con la primer generación de estudiosos sistemáticos.A pesar de esa controversia por los origenes, en nuestro país la ciencia política logra tardíamente estatus académico y, su sistematicidad es reciente. A fines de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo XX hace su irrupción en el escenario universitario.
Con el retorno a la democracia obtiene reconocimiento profesional. En los sesenta y setenta la principal producción tenía en vista la cuestión del Estado para luego avanzar sobre un concepto nuevo, el de “régimen político”. El tema de la modernización política aparece tempranamente por influjos del nacimiento de la escuela sociológica de Gino Germani. Por ello tempranamente aparece la cuestión del cambio político. El término régimen político otorgó la posibilidad de explicar la política con un vocabulario que incluía: dinámica política, quiebres de la democracia, consolidaciones, reequilibrio de regímenes políticos, sistemas de partidos etc. Las dictaduras militares instalaron dos temas adicionales: la perspectiva de lo “burocrático autoritario” elaborado por Guillermo O´Donnelly los estudios sobre las transiciones del autoritarismo hacia la democracia. Como afirma Cecilia Lesgart: “observar a los gobiernos militares desde una mirada que enfatizaba al Estado o al régimen político, tema que al mismo tiempo queda asociado a la perspectiva posibles o deseadas de salida de los mismos. Efectivamente, las transiciones a la democracia van a ser parte indisociable de los análisis ordenados en el cambio de régimen político (las llamadas consolidaciones).” (Lesgart, 2007). Mas recientemente, además de estudios sobre presidencialismo, partidos, elecciones, los procesos reformistas, el tema de mayor novedad es el que hace se ha denominado la calidad de la democracia. Esto último aborda la cuestión del desempeño de la democracia como una extensión de los estudios que dieron cuenta en los ochenta de las transiciones del autoritarismo a la democracia y los procesos de consolidación de la misma. La cuestión de la “calidad” en gran medida habla de lo déficit y los problemas de eficacia de los mecanismo de participación, entre otros aspectos. Otro campo reciente de estudios, de carácter comparativo, refiere a los procesos políticos de nivel subnacional (provincial y municipal).
Unidad II
Las tradiciones políticas modernas, las formas de ejercicio del poder y la tensión democrática.
a) Liberalismo:El liberalismo clásico. La libertad liberal. Libertad y tiranía de la mayoría. El liberalismo democratico. El gobierno representativo. Constant, Tocqueville, J.S.Mills. El liberalismo se acerca a los temas del conservadurismo.
Constant, Benjamin (1988): Del espíritu de conquistaDe la libertad de los modernos comparada con la libertad de los antiguos. Madrid, Tecnos. Pág. 63 a 93.
Tocqueville, Alexis (1992): La democracia en América. México, FCE. Págs. 31-41, 254-259, 266-273, 463-467.
Mill, John Stuart: Consideraciones sobre el Gobierno Representativo. Varias ediciones. Cap. III.
Lettieri, Alberto (2004): Seis lecciones de política Buenos Aires, Prometeo. Cap. 1. Págs. 13-47.
Etchemendy,Sebastiány Philip Kitzberger (2008). “El argumento de los liberal demócratas”. Página 12, Buenos Aires, 3 de abril. *
Novaro,Marcos, Vicente Palermo y Alejandro Bonvecchi: (2008)“Protestas y democracia liberal”. Página 12, Buenos Aires. 10 de abril. *
El concepto de liberalismo está estrechamente ligado al desarrollo histórico de la política moderna. El Liberalismo opera – igual que en otras tradiciones políticas modernas - a modo de sustantivo y adjetivo. Una definición aproximada nos dice que el liberalismo es la creencia en un conjunto de métodos y prácticas que tienen como objetivo común lograr una mayor libertad para los individuos en sociedad. De allí que su sustancia es la libertad.
La libertad del liberal parte del principio del no impedimento. Responde a su carácter negativo. Asume tres esferas: la civil, la política y se consagra como derecho. Como movimiento ideológico, el liberalismo comprendió el respeto a la expresión libre de las ideas y el derecho a manifestarlas públicamente. Como movimiento de ideas, en su origen cuestionó al poder absoluto y a su pretensión de justificación divina. Consecuentemente pretendió restringir los poderes del Estado y sostener los valores de la tolerancia y el respeto por todo aquello que deriva de las energías del individuo. Fue construido por los aportes, entre otros, de Locke, Montesquieu, Kant, Smith, Humbolt, Constant, Mill, Tocqueville, Spencer. Se suma a este listado -en una suerte de protoliberalismo-Tomas Hobbes.
Como teoría política su versión más consistente lo hace partidario del Estado que gobierne lo menos posible: el Estado Mínimo. Norberto Bobbio aporta el concepto de Estado liberal: “es aquel que ha consentido la perdida del monopolio del poder ideológico a través de la concesión de los derechos civiles, entre los primeros, del derecho a la libertad religiosa y de opinión política, y la perdida del monopolio del poder económico a través de la concesión de la libertad económica, y ha acabado por conservar únicamente el monopolio de la fuerza legitima, cuyo ejercicio, no obstante, queda limitado por el reconocimiento de los derechos del hombre y por los distintos vínculos que dan origen a la figura histórica del Estado de Derecho”. El presupuesto filosófico del Estado liberal -entendido como Estado limitado en contraposición al Estado absoluto- es la doctrina de los derechos del hombre elaborado por la escuela del derecho natural.
Para entender el liberalismo hay que saber que el “buen” liberal es aquel que busca siempre explicar el origen y desarrollo del poder político pero no necesita justificar el poder del individuo. Para limitar el Poder, el liberalismo formuló un modelo de ejercicio del poder basado en principios distributivos y organizativos. Se afirma que la libertad individual es sustantiva, ilimitada, mientras que la capacidad de intervenir del Estado es en principio limitada. La cuestión es dividir a la autoridad para limitar su poder. Un Estado de derecho, republicano y con una estructura federal hace a esos principios. El gobierno de las leyes (Montesquieu, 1748) en términos de marco prescriptivo para los individuos define la construcción del orden social y estatal. El poder legislativo o parlamentario se transforma en espacio privilegiado y auténtica sede del poder.
Un elemento central en la preocupación liberal por limitar el poder estatal es su intento de diferenciar el aparato estatal de una situación preestatal o no estatal. El presupuesto filosófico de esa diferenciación se constituye a partir del Modelo Iusnaturalista, y como tal entiende que los hombres indistintamente de sus condiciones particulares tienen por naturaleza, y por lo tanto sin importar otra razón, derechos fundamentales, como a la vida, la libertad, la seguridad, la felicidad, que el Estado o aquellos que detentan el poder legítimo de ejercer la fuerza para obtener la obediencia, deben respetar.
Hay modelos diferentes para fundamentar los límites al alcance de la acción estatal legítima. Si bien es cierto que hay una extendida posición antiestatal también hubo liberalismos que “adoraron” al Estado.
1. El Estado de Seguridad. Surge como adoración del poder absoluto, aunque plantea cuestiones para los puntos de vista tomados luego por la tradición propiamente liberal. El hecho fundamental del Estado de seguridad es su monopolio a la hora de decidir qué es necesario para preservar o restaurar la paz dentro y fuera del Estado. Este monopolio no es divisible ni transferible a sus súbditos. No propugna un ejercicio arbitrario del poder. El poder soberano debería ser ejercido siempre de acuerdo con las leyes generales de naturaleza que impiden destruir la vida o sus medios de preservación. Existe un dominio privado en el interior de la Sociedad Civil, según el cual los súbditos pueden ejercer algunas libertades negativas. Estas son actos que el soberano no ha prohibido aún, como por ejemplo la libertad individual de comprar, vender y contratar uno con otro, escoger la propia vivienda, la propia comida, la forma de vida y el derecho a educar a los hijos de la manera que se considere más apropiada.
2. El Estado constitucional: Su principal e inicial expositor es John Locke. Parte de debilitar considerablemente el fuerte contraste (señalado por Hobbes) entre la guerra de la situación natural y la paz de la sociedad civil. Se admite la posibilidad de una solidaridad social natural. Hay varias fuentes de esta propensión a la sociedad, que es prepolítica y por ello antecede a la formación de la sociedad civil moderna. El Estado es visto como un instrumento encargado de la doble función de conservación y rectificación, y por tanto de consumación de la sociedad civil. La teoría del Estado constitucional desafía la idea del poder soberano absoluto que se perpetua a sí mismo. El poder político se sustenta únicamente en la delegación. Quienes gobiernan la sociedad civil por medio del Estado constitucional son delegados del gobernado. Deben gobernar mediante leyes promulgadas y de conocida vigencia, en consonancia con las leyes naturales de aplicación universal. La legislatura, es el poder supremo. La vida, la libertad y la propiedad no pueden tomarse sin el consentimiento de una mayoría de los ciudadanos o sus representantes.
3. El Estado mínimo: La sugerencia de que la sociedad natural debería ser a veces defendida contra el Estado, puede ser interpretada como un primer y decisivo paso en la preocupación moderna por limitar el poder estatal en favor de la sociedad civil. Este paso se da explícitamente en el Estado mínimo. El liberalismo “anárquico” de la obra de Thomas Paine (Los derechos del hombre, 1701-1792) ilustra este desarrollo. El Estado se considera un mal necesario y la sociedad civil un bien sin cualificación. La legitimidad estatal no es sino una delegación de poder orientada al beneficio común de la sociedad. Cuando mas perfecta sea la sociedad, mejor regulará sus asuntos propios y menor necesidad tendrá de gobierno. El mundo moderno es incivilizado (según Paine) porque está gobernado en exceso. Al contrario de lo que suponen las teorías de Hobbes y Locke, los individuos se hacen enemigos los unos de los otros a causa de un excedente de poder estatal. Si lo Estados se construyeran en todas partes sobre la base social natural, serían limitados en alcance, amantes de la paz, baratos y sencillos en su funcionamiento.
El liberalismo tiene su época clásica entre 1780-1860. Después de esos años inicia un retroceso. El área de origen y difusión: occidente, especialmente el mundo noratlántico. Su agenda temática: la libertad del individuo, una política secular, el gobierno representativo, el constitucionalismo y su preocupación por la tiranía de las mayorías. Su catalogo básico, a modo de programa político, es la libertad como independencia, como autogobierno y como preocupación por la construcción y el perfeccionamiento de la propia personalidad. Esto último forma parte de sus dimensiones prescriptivas. La agenda económica del liberalismo fue impuesta con el correr del siglo XIX como manera de pensar a los hombres en el disfrute de los bienes producidos por sus elecciones conscientes. El liberalismo nace mucho más como programa moral y político del individualismo que luego se ligara a los requerimientos de una sociedad de mercado.
Su época clásica tiene como uno de sus principales protagonista a John Stuart Mill quien recoge la base utilitaria del liberalismo que consideraba el mundo humano formado por átomos individuales con ciertas pasiones y necesidades, cada uno de los cuales buscaba por encima de todo las máximas satisfacciones y las mínimas contrariedades, igual en esto a todos los demás y no reconociendo “naturalmente” límiteso derecho de interferencia en sus pretensiones. Concepción que refuerza el individualismo como punto de partida asumiendo que la competencia es el motor del progreso. El liberalismo clásico construyo una verdadera paradoja antidemocrática. La libertad reivindicada por los liberales no es igualitaria sino discriminatoria cuando en los hechos propendió a una representación censitaria limitando la extensión del sufragio. Expuso un tipo de racionalidad política que termino expulsando al pueblo del cuerpo político. Es ese el resultado del miedo a la Tiranía de las mayorías.
John Stuart Mill (Inglaterra, 1806-1873) Hijo del pensador utilitarista James Mill. Su libro Sobre la Libertad es una defensa de la libertad de pensamiento. Defiende las minorías contra las fórmulas despóticas de los gobiernos que aceptan ciegamente a las mayorías. En ello esta en línea con la crítica de Tocqueville a la tiranía de las mayorías. Si bien es utilitarista su defensa del libre desarrollo de la individualidad apunta al progreso de un sujeto activo. El gobierno representativo o lo que el llama el gobierno popular es su principal preocupación. Mill considera que la decadencia de la individualidad y el creciente poder de las masas hacen a una ciudadanía pasiva. Para evitar este riesgo es necesario el gobierno representativo que surge de una ciudadanía informada y en progreso moral. La extensión del sufragio es el medio adecuado. Su modelo de democracia reconoce la necesidad del sufragio como protección, dando un paso más aceptando la democracia como un modelo para el desarrollo moral de la humanidad.
Benjamin Constant (1767-1830) popularizo la idea de la libertad moderna como fenómeno esencialmente individualista. Idea pronunciada en una conferencia en el Ateneo Real de París (1819). Se considera De la libertad de los antiguos ....una de las obras fundantes del liberalismo decimonónico, donde la libertad de los modernos se aleja definitivamente de la libertad concebida por los antiguos por la manera que se piensan al individuo. Entre los modernos el individuo lo es todo, entre los antiguos su posición queda sometida a los designios del colectivo social. Constant pone en alerta a la sociedad francesa de los peligros de regresar al momento jacobino de la revolución fundada en una acérrima defensa de Rousseau yllama a seguir los lineamientos de Locke y Montesquieu en tanto la necesidad de inaugurar una época consagrada por la limitación institucional de la autoridad, cuyo mejor ejemplo a seguir era el esquema constitucional monárquico inglés
Alexis de Tocqueville analiza la vida norteamericana a partir de la tensión entre libertad e igualdad. Este análisis surge de su viaje a los jóvenes EEUU durante los años 1831 y 1832y pocos años después – 1835 y 1840 – publica La Democracia en América. A diferencia de Europa, los EEUU mostraban los resultados de una democratización de las instituciones que privilegiaba la vida asociativa, voluntaria, frente a un Estado centralizado. Lo que Tocqueville calificaba como igualdad, se define como el predominio de la acción electiva de los hombres sobre la acción prescriptiva, con el resultado de una sociedad basada en el logro y no en la adscripción. La igualdad era la base de la democratización, la democracia era unestado social más que político, pero sus implicancias políticas eran sombrías. El igualitarismo masifica, aplana la individualidad, lo que trae como consecuencia una uniformidad apta para que se desarrolle “la tiranía de la mayoría”, el “despotismo democrático”. De allí la urgente defensa de la libertad. ¿Pero donde afirmar la libertad? Su respuesta lo acerca a una formula que parece de tono mas conservadora que liberal, en tanto si bien acepta la primacía del individuo sobre todo este debe ser asociado. De allí la importancia de las asociaciones voluntarias, de la prensa, de una institución de corte conservadora como son las cortes o el mundo de los abogados, etc. Nos acercarnos a esa formula para algunos extraña, donde la mixtura del consevadurismo y liberalismo seria exitosa.
b) La tradición socialista y la construcción socialdemócrata. Critica al Estado burgués. Las revoluciones del 48. Socialismo utópico. La teoría de las formas de gobierno y el Estado en Marx. El marxismo occidental. El socialismo constructor de partidos. La socialdemocracia contemporánea.
Bobbio, Norberto (1994) Marx en: La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento. México, FCE. Págs. 168-171.
Engels, Federico: (1977): Prólogo de 1895 aLas luchas de clases en Francia de 1848-1850 de Carlos Marx, Buenos Aires. Anteo.
Przeworski, Adam: (1990) Capitalismo y socialdemocracia, México, Alianza, Capítulo 1.
Denominaremos socialismo al conjunto de doctrinas y movimientos políticos que procuran la transformación de la sociedad para realizar la igualdad y la justicia en las estructuras económicas, políticas y sobre todo, sociales. El ideal de justicia se sustenta en una práctica basada en la búsqueda de igualdad entre los integrantes de la sociedad mediante la supresión de los privilegios de clase. (Cisnero, 2000). En un sentido estricto, el socialismo, sólo es aplicable a las ideas y a los movimientos compatibles con las orientaciones que caracterizaron la constitución de la clase trabajadora moderna y con el mundo intelectual agrupado en torno suyo. (José Aricó, 2001)
El término socialismo adquirió entidad histórica y política con la Revolución Industrial, aunque recién a partir del año 1830 forma parte del vocabulario de los llamados socialistas utópicos (Fourier, Owen, Saint Simón). Desde esos tiempos se ha convertido en una tradición política. Como tradición política está en permanente transformación tanto por los procesos políticos que impulsa como por distintos teóricos que realizaron sus “aportes”, imponiendo algunos de ellos un sello distintivo. De allí que habrá socialismos, de acuerdo los aportes y revisiones de Lenin, Trotzky, Luxemburgo, Gramsci, Mao, o en tierras latinoamericanas, Mariategui, Guevara, entre otros.
En el socialismo utópico (S.U.) está la idea de que la sociedad debe y puede ser reformada por medios socialistas. Sin embargo, dicha reforma, no se la entiende como producto de la acción política, diferente a la propuesta del socialismo científico. El S.U. afirmaba que los hombres, todos los hombres, bajo una sociabilidad de nuevo tipo, podían cambiar la sociedad desigual imperante.
También en el primer anarquismo (Joseph Proudhon: 1809-1865) hallamos esa visión antipolítica y antiestatalista del inicial socialismo. La sociedad imaginada por el anarquismo debía ser de hombres y mujeres libres, organizada sin la autoridad del Estado, abogando por una comunidad total de bienes, el trabajo cooperativo y la distribución las riquezas producidas según las necesidades de cada cual.
La tradición socialista tuvo en Carlos Marx a su principal figura. Ningún otro teórico de los inicios de la izquierda había realizado tres afirmaciones que parecían plausibles y alentadoras para su tiempo: “que ninguna mejora predecible dentro del sistema existente cambiaría la situación básica de los trabajadores en cuanto tales (su explotación); que la naturaleza del desarrollo capitalista, que Marx analizó en profundidad, hacía que fuera muy problemático el derrocamiento de la sociedad existente y sus sustitución por otra sociedad nueva y mejor; que las trabajadora, organizada en partidos de clase, sería la que crearía y heredaría ese futuro glorioso. (Hobsbawm, 1987)
Con Carlos Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820-1895) el socialismo abandona el utopismo y nace el socialismo científico. Marx dejó una teoría económica coherente y elaborada del modo capitalista de producción, expuesta en El Capital, pero no dejó una teoría política semejante de las estructuras del Estado burgués o de la estrategia y la táctica de la lucha socialista revolucionaria por un partido obrero para derrocarlo” (Anderson, 1979). Si bien carece de una teoría total de la política, sí hay algunas indicaciones sobre lo que piensa de la “política como tal” (Maghire, 1977). La obra de Marx contiene una visión negativa de la política a partir de que el poder político es el poder de una clase organizada para oprimir con él a otra. Hablar de política en Marx es referir a dominación. Hablar de dominación es abordar la cuestión del “Estado” como dominación de una clase. Poner fin a la política es extinguir el Estado.
Sobre la política Marx dejó algunas pocas previsiones crípticasy sumarias sobre cuestiones como la “dictadura del proletariado”, acerca del programa de los comunistas a través de sus escritos filosóficos y del “Manifiesto Comunista” y en sus análisis coyunturales del Segundo Imperio en el “Dieciocho Brumario de Louis Bonaparte”. De estos últimos se pudo sistematizar dos concepciones del Estado. Su punto de partida es la crítica a Hegel del Estado, visto como la superación de las contradicciones que se manifiestan en la sociedad civil. Al contrario, sostiene Marx, el Estado no es mas que el reflejo de esas contradicciones, no es su superación sino su perpetuación (Bobbio, 1976).
Dos teorías del Estado habría en Carlos Marx: aquella que lo identifica a modo de mera maquinaria al servicio de los intereses del capital, hasta la otra, más compleja y sutil, donde el Estado conserva una autonomía relativa con respecto a los intereses en pugna del trabajo y el capital.
En la primera concepción, visible en el “Manifiesto Comunista”, el Estado es un simple y contundente instrumento de dominación. Aquí hay una concepción técnica del Estado. Lo que cuenta para Marx igual que para Lenin, es la situación real de dominio de una clase independientemente de las formas institucionales en que se organice la dominación: El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa ....(Marx, 1847). De allí su afirmación que la soberanía popular era un mito, alegando que el parlamento no era el pueblo en miniatura, como sostenían los liberales de su tiempo, porque en él no estaban representados todos.
En la segunda teoría, el Estado se presenta como fórmula excepcional, cuando en tiempos extraordinarios las clases dominantes y dominadas logran cierta paridad. Situación especial, en la que el poder estatal puede asumir el rol de mediador entre esas clases y adquirir cierta “autonomía”. La configuración de la política durante la época del segundo Bonaparte en Francia es un buen ejemplo de esta forma particularmente compleja que logra el Estado. Y aun una república democrática, asentada en el poder de las clases medias y sectores populares, mayormente rurales, era parte de ese segundo tipo de Estado. Estima Marx, que el Estado puede ser representante de una pequeña facción de la clase dominante o que una clase puede controlarlo en beneficio de otra. Incluso, que en situaciones de insuficiente desarrollo capitalista, puede jugar un rol independiente de las distintas facciones sociales en lucha. Para Marx la solución “bonapartista” era esencialmente inestable, siendo en los hechos el anuncio de que estaba llegando a su fin el capitalismo, ya que los propios burgueses y sus partidos eran incapaces de mantener el consenso, por lo tanto debían mantenerse aunque sea por un tiempo limitado, a un autócrata que gobernaba realmente para ellos. La situación de Francia después de los eventos revolucionarios de 1848 resultó la experiencia histórica concreta desde donde Marx observa esta “forma de Estado”. Vuelca ese análisis en “El dieciocho Brumario de Luis Napoleon” donde se caracteriza al régimen autoritario, socialmente conservador, pero al mismo tiempo de base popular de los años 1848-1870, en sus dos momentos de republica y luego de imperio.El concepto de bonapartismo o cesarismo tendrá nuevos desarrollos a partir de estas afirmaciones.
Muerto Marx en 1883, su compañero de ruta Federico Engels, señalaba a principios de los noventa del XIX que la época de revoluciones, de las barricadas al estilo del ciclo de revoluciones de 1789, 1830 o 1848 o la Comuna de Paris en 1871, había llegado a su fin, producto, entre tantas razones, por los cambios tecnológicos y de la maduración de las formas represivas del Estado capitalista. Pero también observó cómo la emergencia de la socialdemocracia como partido político de los trabajadores estaba señalando un camino que había que tener en cuenta: el del uso de la democracia y su herramienta central, el sufragio para ganar conciencias entre los trabajadores.
El otro tema abordado por Engels fue la relación entre el Estado y la Nación. Una nueva época nacía hacia fines del XIX con el fin de las revoluciones y la tensión entre la cuestión nacional y el internacionalismo proclamado por la clase trabajadora. El discurso de Engels, en momentos del ascenso legal del movimiento socialista oficiará de parteaguas del socialismo. Ello no significó que Engels hubiera abrazado el reformismo o revisionismo que se estaba consolidando en no pocas conducciones de los partidos socialistas en los albores del siglo XX.
El establecimiento del sufragio universal, las oportunidades que se les brindaban a los socialistas en la intervención dentro de los parlamentos, hasta entonces clausurados a la presencia de los representantes de los trabajadores, obligó a realizar una relectura sobre el lugar que ocupaba el Estado en la dinámica social y política. Es cierto que el “regreso” de algunas situaciones revolucionarias, sobre todo en la Rusia de 1905, obscureció por un momento la reflexión sobre el Estado. El “Estado y la Revolución” de Lenínes su mejor ejemplo, al ser visto el Estado desde la perspectiva del derrumbe. Del derrumbe y de su destrucción. De su destrucción y del fin de la política, que no era otra cosa que la clausura de la época donde las minorías dominaban a las mayorías y el inicio de una fase donde los hombres pasarían a la “administración de las cosas”. El Estado seguía anclado, según Lenin, León Trotzky, Rosa Luxemburgo, entre otros, en mayor o menor medida, en el lugar de una maquina simple y directa al servicio del dominio de la clase propietaria de los medios de producción. Y si bien había que utilizar los elementos ofrecidos en tiempos de democracia política, los socialistas debían cuidarse del entusiasmo por el parlamentarismo. Porque este último alejaba a los socialistas de los objetivos revolucionarios y conducía al oportunismo, que no era otra cosa que el reformismo. Con Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, máximo dirigente del bolchevismo ruso y arquitecto de la Revolución de 1917 y la Rusia Soviética, se observa el intento de establecer una ortodoxia del pensamiento marxista sobre el Estado. Lenin estaba convencido que la verdadera doctrina del Estado en Marx era aquella que tenía como tesis central el concepto de maquinaria al servicio del dominio de la clase capitalista. En términos leninistas es el poder especializado de represión ejercido por la burguesía contra el proletariado. Si este era el verdadero rostro y sustancia del Estado los revolucionarios que se preciaran de tales debían proceder a su destrucción.
Después de la Revolución Rusa hubo otros socialistas que ofrecieron nuevos puntos de vistas acerca del Estado en su relación con el capitalismo. Son los que conformaran una nueva pléyade de políticos- intelectuales que según Perry Anderson habría que calificar como la corriente más vigorosa del Marxismo Occidental. Es Antonio Gramsciuna de las figuras destacadas, y a quién le correspondió analizar teóricamente un Estado capitalista que estaba en transformación. Gramsci ofreció a la tradición socialista dos maneras de pensar al Estado: la primera en sentido “preciso” y la otra, en términos más flexibles, es decir “pleno”. En el primero, el Estado aparece asociado al gobierno, en el sentido estrecho, de ejecución, en tanto aparato de dominación. Es el momento de las estructuras duras: la maquinaria militar, el aparato policial, la administración, la burocracia. Es el Estado de la coacción. En la segunda manera, el Estado aparece como una fórmula donde se “ablandan” y se “inundan” los componentes estructurales. Es el momento del consenso, de la “democracia”. Estos ingresan y “determinan” el desenvolvimiento en términos del doble juego de consenso y coacción a gran parte la sociedad. Hablamos del Estado como expresión y fundamento de la hegemonía. Para que este último pueda ser posible, “lo político”, deja de ser una dimensión restringida al lugar de los “aparatos”. Lo desborda, los diques de la política se abren hacia el resto de lo social. De allí que “Lo político” no reside en un lugar preciso o en todo caso es tanto dimensión estatal como social.
Hacia fines del siglo XIX coincidentemente con la consolidación de poderosas maquinarias partidarias comprometidas dentro de la tradición socialista, los partidos socialdemócratas, iniciaron un procesode “revisionismo” en su compromiso con la revolución. Proceso siempre de la mano de una época donde esas maquinarias se tornaron poderosas y en constante crecimiento electoral. Eran partidos de clase masivos organizados y muy disciplinados.
La transformación de la socialdemocracia nació como respuesta al dilema de la democratización política, iniciada hacia fines del XIX. Su conversión al reformismo y el abandono del ímpetu revolucionario original fue la gran novedad de principios del XX, para llegar al periodo de entreguerra con el compromiso como estrategia de acción política, sobre todo en los casos donde habían obtenido el gobierno. El Keynesianismo como arma para pensar y llevar a cabo políticas económicas fue utilizado para ese compromiso. Además la necesidad de centrarse en las mejoras y reformas inmediatas que la clase obrera pudiera obtener de los gobiernos y empresarios hizo a muchos socialistas postergar para un futuro indefinido la idea de una revolución. Una de las figuras claves del socialismo austriaco y alemán Karl Kautsky (1854-1938) sostenía que su partido “aunque es revolucionario, no hace la revolución”. La estrategia revolucionaria de los socialistas durante la consolidación de los Estados de Bienestar (1945-1970) impidió hacer avanzar a sus alas más radicales haciendo aún más poderoso el impulso hacia el compromiso con el capitalismo y con la democracia. Resultado de ello: no sólo aumentó la legitimidad sustantiva de los Estados capitalistas avanzados, sino que éste echó raíces muy firmes, al punto que el debate político debió ceñirse desde entonces a sus parámetros y las prédicas revolucionarias siempre tuvieron allí un eco bastante reducido (Nun, 2000)
Durante esta época de consolidación de los Estados de Bienestar, se hace más notorio el perfil ideológico ecléctico de la socialdemocracia como movimiento reformista y constructor de maquinarias electorales. Según las realidades nacionales, mantiene elementos teóricos del marxismo, en otros directamente lo descarta y por último aparece mucha veces asociando fórmulas del liberalismo político cuando no también de la ética cristiana.
c) Tradiciones políticas a la derecha.
El conservadurismo moderno. Critica a la revolución. La fuerza de las costumbres. La pasión por el orden. El gobierno del prejuicio y la prudencia. La derecha radical. ElFascismo. Las negaciones fascistas. Teorías explicativas. Sus formas históricas. Poder, acción y hombre nuevo. Conservadurismo y fascismo.
Burke, Edmund (1984): Reflexiones sobre la Revolución Francesa en Textos políticos, México, F.C.E. Pág. 85 a 97.
Nisbet, Robert (1995): Conservadurismo. Madrid. Alianza. Cap. 2.
Payne, Stanley (1995) Historia del fascismo. Barcelona. Planeta. Cap. 1
Hobsbawn, Eric (1997) Historia del Siglo XX. Barcelona, Crítica. Cap. IV.
Conservadurismo moderno
La tradición conservadora nace con las revoluciones modernas, en particular la Revolución francesa. Pertenece la derecha por su concepción de la desigualdad, por una cultura de tipo autoritario, jerárquica, anclada en la tradición y de defensa del orden y la propiedad. Como tradición política rechaza el concepto iusnaturalista y burgués de la igualdad natural y la libertad individual. El conservadurismo parte de una afirmación terminante: la igualdad es imposible, porque la desigualdad es natural y como tal, ineliminable. Si bien el conservadurismo carece de un programa preciso, su desarrollo a través de la historia cristalizó una visión del orden social basado en la virtud e inevitabilidad de la desigualdad, la jerarquía y la constitución de una sociedad de carácter orgánica a partir de la presencia de los “cuerpos” (familias, iglesias, comunidades, etc). Esos “cuerpos” ayudan a construir socialmente la autoridad o más precisamente, el orden. La desigualdad conlleva ventajas: toda sociedad debidamente conformada acepta de esa manera el dominio de una minoría política, cultural y económica.
A lo largo de su desempeño histórico el conservadurismo definió dos corrientes:
1. La primera fórmula nació en el propio escenario de la revolución francesa. Referimos al conservadurismo de naturaleza reaccionario, restauracionistas, tradicionalista o contrarrevolucionario.Ser reaccionario es la postura de los hombres que miran hacia el pasado de modo más enfático que al presente, considerando que merecería la pena retroceder hacia los tiempos antiguos. El reaccionario es un hombre activo por definición, se niega a admitir que cualquier realidad establecida deba considerarse por ello como buena o, al menos, como tolerable, y se muestra dispuesto a derribar ciertas leyes, combatir determinadas instituciones, con el fin de hacer retroceder el proceso social hasta la época en que sus contemporáneos se apartaron irresponsablemente por primera vez del recto camino. Se trata de defender el antiguo régimen, especialmente el catolicismo, contra las fuerzas en expansión de la Revolución francesa. El visconde Lois de Bonald (1754-1840) y Joseph de Maistre (1753-1821) ofrecieron una interpretación de la verdad revelada de la tradición que contraponía la armonía perdida de los tiempos medievales al desorden de la sociedad revolucionaria. Afirman que el individuo humano es intrínsecamente social, como consecuencia de la historia sedimentada y de la comunidad cultural. La sociedad, que incluye al ser social individual, tiene un origen divino y refleja la autoridad de Dios; por consiguiente, las obligaciones tienen siempre prioridad respecto a los derechos.
2. Conservadurismo moderno es aquel que “entiende” los tiempos que le toca vivir. Son conservadores que dentro de la derecha se orientan hacia el centro. La misión histórica de este tipo de derecha en Occidente no es la de derrotar, sino precipitar las revoluciones: hay que saber anticiparse a las revoluciones de nuestro tiempo. Apuestan a la prudencia y sus acciones están gobernadas por el prejuicio. El buen conservador es un hombre de orden, y en una sociedad agitada no existe lugar para él. Este es casi siempre un prisionero del proceso social, en la medida en que se encuentra inserto en las tradiciones e instituciones de su país y es, por consiguiente, el instrumento de aquellos hombres que, consciente o inconscientemente, mantienen en marcha el proceso histórico. Si el presente le brinda las herramientas y le es satisfactorio ¿por que someterse a la incertidumbre? ¿Porqué transformar? Si el mundo que le toca vivir ofrece herramientas para vivir adecuadamente la disposición conservadora será entonces parte de lo cotidiano, del hombre común. Pero si este mundo, si ese presente es árido y ofrece poco o nada que pueda usarse o disfrutarse ¿qué hacer? Ser conservador no es solo sentir aversión por el cambio; es también una manera de adecuarse a ellos, sobre todo frente al cambio abrupto que resulta una amenaza para la identidad, y su emblema de la extinción. Sin embargo la disposición conservadora está dispuesta a aceptar la lenta adecuación de las cosas, o en todo caso el cambio limitado. No así la innovación. Porque innovación esta asociado al mundo de las invenciones. La innovación es siempre una empresa equívoca en la que la ganancia y la pérdida están tan estrechamente entrelazadas que resulta en extremo difícil prever el resultado final, siempre que hay innovación existe la certeza de que el cambio será mayor que lo buscado. De allí la disposición conservadora
Se puede ser conservador al interior de determinados sistemas políticos, dando cuenta de una actitud, de una disposición, de un comportamiento más que de un programa político permanente. Ser conservador es preferir lo familiar a lo desconocido, preferir lo experimentado a lo no experimentado, el hecho al misterio, lo efectivo a lo posible, lo limitado a lo ilimitado, lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo excesivo, lo conveniente a lo perfecto, la risa presente a la felicidad utópica. (Oakeshott, 1956- 377)
La historia, tradición, libertad, autoridad, religión, prudencia y buen gobierno.
El genuino conservador es renuente a embarcarse en la especulación política, se resiste a las grandes explicaciones, al exceso de racionalismo. Esta vinculado a sentimientos y costumbres, no a la imposición de la lógica en un mundo social refractario y complejo. Piensa con Edmund Burke que la propensión a manipular teorías es síntoma seguro de que algo anda mal en la conducción del Estado Según el político conservador inglés Benjamin Disraeli “Ante todo ningún programa”
Según Roger Scruton: El conservadurismo se anuncia raramente en máximas, formulas u objetivos. Su esencia es inarticulada y su manifestación, si se le obliga a mayores precisiones, es escéptica. Es capaz de expresarse (pero) no siempre con la esperanza de que las palabras que encuentre equivalgan al instinto que las necesita. El conservadurismo se basa en tres conceptos organizativos principales: 1) La autoridad: se opone al contrato y a todos los arreglos sociales basados en la elección consciente; la autoridad procede de las cualidades trascendentes de las instituciones establecidas. 2) La lealtad: es lo que cada miembro de un colectivo -familia, iglesia, o estado- debe a la autoridad. La lealtad expresa el carácter orgánico de la sociedad. La lealtad no es cuestión de decisiones individuales, es la expresión de aquello que es social y moralmente trascendente; la trascendencia constituye también el núcleo de tradición. 3) La tradición se refiere a las costumbres y a los ritos mediante los que el pasado habla al presente.
La tradición conservadora se apoya, además en su definición frente a cuatro pares conceptuales. Robert Nisbet es quien nos lo precisa:
a) Historia y la tradición: para el pensamiento conservador es fundamental, en tanto constituye una fuente inagotable de prácticas y episodios concretos que evolucionan naturalmente y que por lo tanto no pueden, ni deben modificarse con recurso provenientes del exceso racionalismo (jurídicos, científicos o técnicos) de una generación en especial. Es muy clara esa disposición a aceptar el presente como parte de la acumulación saludable de sujetos, hechos que son visto en clave de tradición que construyen el mundo de jerarquías sociales y culturales del presente. Burke afirma: quienes nunca miran hacia sus antepasados nunca podrán prever el porvenir.
b) Autoridad, al igual que la propiedad, es un puntal del pensamiento conservador. Sobre ello descansa el lugar del orden. Consideran que la clave esta en el poder que se constituye tanto en la esfera política como la social.
c) Prejuicio y razón: El prejuicio se sustenta en la idea de que existen un conjunto de experiencias vitales subjetivas que contienen un cúmulo de lógica que permite que los individuos actúen sin contradicciones. Como dice Nisbet el prejuicio es una destilación de una forma total de conocer, de entender y sentir. En Burke es muy claro: “es de aplicación inmediata en la emergencia; compromete previamente a la mente en una firme dirección de sabiduría y virtud y no deja al hombre dudando en el momento de la decisión, escéptico, confundido e irresuelto”.
d) Libertad e igualdad: Se parte de la incompatibilidad inherente y absoluta entre libertad e igualdad. La libertad es concebida para proteger a los individuos y sus grupos frente a las acciones de Estado o de Gobierno.
e) Propiedad y vida: Prima el derecho romano y su capacidad por construir “civilización”. Importa sobre todo la propiedad inmueble. Su existencia define la vida misma y su estado social.
Teoría conservadora del buen Gobierno: Su punto de partida es queel gobierno es un bien necesario para la organización política. Realiza ciertas advertencias severas sobre el modelo deseable de gobierno: 1) Ningún gobierno puede actuar en reemplazo de otras instituciones intrínsecas a la sociedad (familia, iglesia, asociaciones comunales, etc). 2) El poder debe estar diseminado y equilibrado. Diseminado tanto horizontal como verticalmente. De alli su aceptación del modelo federal: el equilibrio y la distribución adecuada del poder hace a la estabilidad. 3) El gobierno debe ser representativo porque retarda las decisiones y frustra los cambios antojadizos; permite que el debate y el compromiso. Institucionaliza las aspiraciones aristocráticas de toda sociedad.
Observaremos que algunas figuras defensoras del liberalismo muchas veces se aproximan al conservadurismo moderno. La construcción política y estatal norteamericana, igual que la Argentina, es una mixtura de ambos. También Tocqueville pareciera aproximarse simultáneamente a ambas orillas intelectuales. Las afirmaciones de este con respecto al rol del cuerpo de legista es central para entender su “costado” conservador y curiosamente toma distancia con respecto al rol de este universo social que analiza Edmund Burke.
Edmund BURKE (Británico, 1729-1797)
Desde los sucesos de 1789 en Francia Burke se dedico a atacar la obra de la Revolución, a defender la guerra contra Francia y a impedir la consecución de la paz. Abona entonces la teoría de una “mala” revolución (1789) frente, en ocasiones, a una “buena”. La revolución inglesa y la norteamericana fueron “buenas” por haber querido defender tradiciones y no haber destruido la totalidad de las instituciones sociales y políticas. Burke ser un exponente propio del pensamiento conservador moderno e inglés, debemos entonces suscribir los términos de Grossman: “el pensamiento político inglés tiene un carácter profundamente dialéctico. Forma parte de una controversia y por consiguiente sólo es comprensible en relación con el contexto del conflicto que le da origen”. Aun así es posible encontrar una serie de doctrinas que se mantienen a lo largo de su obra, haciendo que ésta tenga unidad de pensamiento. En principio tiene una visión realista de los problemas que se manifiesta en un continuo desdén por las concepciones teóricas (metafísica) sin contacto con la realidad. Burke no piensa en formas ideales de gobierno que alcancen la perfección; son las circunstancias de lugar y tiempo las que deben determinar la solución de los problemas políticos y no las utopías. De allí su critica a los filósofos y al racionalismo.
La ciencia del gobierno, que es práctica en sí y dirigida a“...propósitos prácticos es materia que exige experiencia e incluso más experiencia de la que puede alcanzar en su vida una persona por sagaz observadora que sea”, porque “el gobierno es un instrumento del ingenio humano para la satisfacción de necesidades humanas”. La ciencia de construir y dirigir una comunidad no es apriorística; es materia de experiencia. Ningún principio especulativo tanto de Gobierno como de libertad hasta el último término donde pueda llegar en una argumentación o como resultado de su ilación lógica
A los gobiernos que no tienen en cuenta la experiencia Burke los llama gobierno de papel. Las cuestiones políticas no son cuestiones meramente legales. “No se trata de que un jurista me diga qué puedo hacer, sino de lo que la humanidad, la razón y la justicia me digan qué debo hacer”.
Congruente con esas ideas es su repugnancia a la excesiva participación de los juristas en la política. En particular de los juristas de los escalones más bajos de la profesión, muy propensos a guiarse por su horizonte personal. Hombres habitualmente entrometidos, osados, sutiles, activos, de disposición litigiosa y mentes inquietas. Los juristas son buenos y útiles como parte del todo, pero perjudiciales si llegar a constituir virtualmente el todo, porque tienen una deformación profesional que les incapacita para resolver: Los problemas que dependen del conocimiento de la humanidad, de la experiencia en asuntos diversos, de una visión de conjunto comprensiva y congruente de los distintos y complicados intereses que contribuyen a la formación de esa cosa compleja que es un Estado.
Las derechas radicales: el fascismo
El contexto del surgimiento del fascismo: Poder, acción, hombre nuevo.
“El fascismo es un producto de la guerra y la decadencia de la democracia liberal. La primer guerra mundial movilizó a varias decenas de millones de hombres; varios millones murieron, millones volvieron mutilados o enfermos. Estas cifras no tenían por entonces equivalente en la historia de las guerras. Ese volumen monstruoso de tragedias individuales, comparado con los intereses y los resultados, gradualmente quebrantó las sociedades y los regímenes: cuanto menos veían los pueblos en uniforme el fin de la prueba y la recompensa a sus sufrimientos, más inclinados se sentían a cuestionar su sentido. Al enrolar a todos los hombres posibles bajo sus banderas, al exigir a todos el sacrificio supremo, la guerra de 1914 hizo de cada uno, hasta del más humilde, un juez del contrato social” (Furet, 1996). Sin dudas, la gran guerra (1914-1918) trastornó materialmente a Europa, sumándose una crisis cultural y de las mentalidades sin precedentes, haciendo posible el contexto de origen del fascismo. Fue en Alemania donde adquirió la fuerza de un movimiento inicialmente esperanzador para su pueblo, aunque trágico para los destinos de occidente.
En Alemania hubo importantes predecesores de nacionalsocialismo de Hitler, entre ellos los grupos desmovilizados por el fin de la guerra, también organizaciones juveniles que crecieron a través de todo el país, abrazando todas las creencias y prácticas imaginables, desde el vegetarianismo, el racismo, hasta el nacionalismo popular. Estos sectores repudiaban los valores tradicionales y para muchos había comenzado el reinado práctico de la idea de la acción. Por ello, se transformaron en lo que un a nómades del vacío (Ernst Jünger) porqué veían el mundo de posguerra como un páramo. Quiénes regresaban de las trincheras sostenían: nosotros, los soldados del frente, nunca habíamos conocido el camino fabuloso y confortable; tampoco lo añorábamos. La lucha se había transformado en propósito y meta de nuestra vida. Se habían convertido en jornaleros de la muerte en condiciones de construir un mundo nuevo sobre las ruinas de la cultura y la sociedad de antes de la guerra: la batalla no es sólo un proceso de destrucción, sino también una forma masculina de creación. Además, los combatientes en su trinchera, habían alcanzado una comunión donde su subordinación a un lider absoluto lo era todo. El glorificado comandante suministraba un punto de estabilidad e identificación para los hombres en el caos desintegrador del campo de batalla, donde la obediencia a las órdenes y la participación en el grupo no sólo ofrecía refugio sino una identidad comunal nueva y trascendente. En esa comunidad de liderazgo y experiencia a los hombres se les daba enemigos para matar y camaradas para amar. Las tropas de asaltos (alemandas) y las squadristi (italianas) recogen este tipo de experiencia. En definitiva el fascismo refleja la tensión por la decadencia de la sociedad y la cultura. Pero no lo explica todo.
Finalizada la Primera Guerra los regímenes parlamentarios liberales democráticos no lograron estabilizarse y canalizar positivamente semejante crisis. Son atacados por izquierda y derecha. Pero fue la derecha la que provocó el retroceso de las instituciones liberales democráticas. La vulnerabilidad de estas últimas se debió a su forma poco convincente de entenderse con la Gran Depresión (1929), una masa de ciudadanos desencantados y en muchos países un resentimiento nacionalistas por los arreglos de paz de 1918-1920.
Su concepto: deriva del nombre del Partido Fascista, fundado y conducido por Benito Mussolini, que marcó el destino de Italia entre 1922 y 1945. El fascismo pertenece al campo de las derechas. Sin embargo, sigue siendo un término impreciso y vago. Generalmente su definición se basa en el carácter dictatorial, antidemocrático, antiparlamentario y monopartidista de determinados movimientos. Se lo ha considerado dentro de una formula más general: el totalitarismo. El totalitarismo entendido como aquella fusión entre Estado y partido destinada a someter a la entera sociedad por medio de la ideología y el terror. El fascismo sería una variante política de éste, pero parece insuficiente por cuanto omite aspectos particulares como el racismo, antisionismo, anticomunismo, entre otros. Como movimiento político surgió de la experiencia italiana pero cargó en su proyección universal con el contenido y la potencia del nacionalsocialismo alemán. Desde sus inicios, como movimiento político e ideológico, fue difícil de encasillar dentro de las tradiciones conocidas: El fascismo tiene un cariz enigmático, porque aparecen en él los contenidos más opuestos. Afirma el autoritarismo y organiza la rebelión. Combate la democracia contemporánea y, por otra parte, no cree en la restauración de nada pretérito. Parece proponerse la forja de un Estado fuerte y emplea los medios mas disolventes, como si fuera una facción destructora o una sociedad secreta. Por cualquier parte que tomemos el fascismo hallamos que es una cosa y a la vez la contracara, es A y no A. (Ortega y Gasset, 1928). Consecuentemente cualquier definición debe ser empleada con cuidado.
Las negaciones del Fascismo: se basa en el antimarxismo, antiliberalismo, anticonservadurismo, el principio del liderazgo y el decisionismo político, un ejército del partido y el totalitarismo como objetivo. El fascismo niega al comunismo y al liberalismo. Al primero por considerarlo responsable de terminar con la idea de nación y reemplazarla por la de clase. Al segundo por el carácter disolvente que tiene su filosofía social y política del individuo, además de que tiñe todo de economicismo. En cuanto a la democracia, el fascismo la entiende como una expresión orgánica de la comunidad, muy lejos del sentido liberal ni tampoco socialista por cuanto cualquiera apela al sentido de igualdad. Habría que agregar aspectos particulares como su estilo y organización que apuntan a la movilización subordinada de las masas, la militarización de la política (en clave del Carl Schmitt), la importancia dada a ciertos rituales y estética, al principio del dominio masculino y a la exaltación de la juventud.
Algunas teorías explicativas
A fin de avanzar en un concepto más preciso se ha atendido a las características sociológicas del fascismo o en otros términos, se ha intentado entender al fascismo desde los grupos sociales que se sirven de este movimiento. Con ello se ha querido hallar una variable eventualmente independiente, cuyo descubrimiento conduciría tanto a entender sus contradicciones como a efectuar una tipología entre los regímenes propiamente fascistas.
Entre las teorías explicativas ligadas a la tradición socialista se ha subrayado las conexiones funcionales entre fascismo y capitalismo. Sostienen la tesis de que el fascismo es la expresión de una época, la del capitalismo monopolista de Estado. Otra teoría intenta ver en el fascismo una expresión de la pequeña burguesía. Esta visión es deudora de aquella que liga capitalismo con fascismo, en cuanto a que este sector de la sociedad expresa con el fascismo su reacción a una amenaza revolucionaria exacerbada por la crisis económica y el desastre nacional, y ante el riesgo de su proletarización. De allí que como movimiento político ataca tanto a los sectores oligárquicos como al proletariado. Otra explicación refiere al fascismo como una nueva forma de “bonapartismo” en el Siglo XX.
Si hubo alguna formula teórica que logró mayor alcance, aparece bajo el término totalitarismo, ya que refiere al Estado totalitario como forma de poder nueva, especifica y aún mas inclasificable, entre las distintas tipologías elaboradas por el pensamiento político clásico, en tanto los términos “despotismo o tiranía” no lograban contener todos los ingredientes del fascismo. Como concepto, el totalitarismo, entendía la nueva realidad de una sociedad (Alemania e Italia) mas o menos sometida a un partido-Estado que reina por medio de la ideología y del terror. Es totalitarismo ayuda a entender la supremacía de la voluntad política sobre la entera organización social y en el papel clave de toda decisión dictatorial.
Otras teorías, refieren al fascismo como consecuencia de historias nacionales excepcionales, incomparables, que por ejemplo solo tienen a Alemania e Italia, por su tardío proceso de integración estatal. Otras interpretaciones han querido observar al fascismo como un fenómeno del derrumbe cultural o moral de la época. Como resultado del derrumbamiento general de la civilización. Algunos han prestado atención, en una versión psicoanalítica del fascismo, al dar cuenta de que éste ha sido producto de los impulsos psicosociales sumamente neuróticos o patológicos de sus lideres y de también, de una parte de la sociedad.
Sus formas históricas
Ni una pura definición política ni sociológica es suficiente, tampoco de sesgo culturalista, para entender la complejidad del fascismo. Solo un seguro anclaje histórico es quizá más útil haciendo referencia a cada experiencia nacional, en particular de Italia y de Alemania. En estos casos se puede definir al fascismo como un movimiento político típico de algunos Estados con estructuras capitalista, de democratización tardía, en los cuales, la demanda política de las nuevas clases trabajadoras chocó contra una acentuada debilidad económica, política, cultural, en definitiva hegemónica de las clases burguesas. De allí deriva una fuerte tensión social y política en la cual el movimiento fascista crece desarrollando una polémica radical contra el liberalismo y sus instituciones representativas. Al mismo tiempo plantea una batalla extraparlamentaria contra el movimiento obrero, para ello acusa al internacionalismo del socialismo y al individualismo liberal porque solo los fascistas se ven como reivindicadores de la nacionalidad. La victoria del fascismo está determinada generalmente por su capacidad de introducirse en situaciones de grave crisis de la democracia liberal, explotando el malestar económico social de una parte de la población y prometiendo un mecanismo rápido de decisión política. El resultado es el abatimiento más o menos rápido de las libertades políticas, de las instituciones representativas, de los partidos y de los sindicatos libres, la estatización de la cultura, el desplazamiento del conflicto hacia la escena internacional con el nuevo enarbolamiento de reivindicaciones territoriales y raciales.
Fue Alemania la que elaboró los elementos más radicales del fascismo, sobre todo con su programa biologista, racial y la ampliación del espacio vital. Alfred Rosemberg en sus “Fundamentos del nacionalsocialismo” afirmaba que “la lucha de las diferentes almas raciales es para nosotros el punto nuclear de la historia mundial y de la cultura alemana .... Para nosotros siempre comienza una historia nueva allí donde una nueva especie humana ha vencido sobre otra”.
Fascismo y conservadurismo
Si bien muchos autores consideran al fascismo como parte de la tradición conservadora, aunque establece alianzas con otros sectores de esa vertiente ideológica, se diferencias de los conservadores por su voluntad de depurar radicalmente las viejas elites y las estructuras institucionales heredadas. Además por su decisión de movilizar a las masas desde abajo, formula que está lejos del conservadurismo que procura inmovilizar a las masas. En definitiva se distingue de aquel por a) su capacidad de movilización, b) su rechazo contundente hacia cualquier expresión liberal (aun cuando hay cierto conservadurismo-liberal), c) su compromiso con un Estado fuerte. Un ejemplo histórico que distingue al fascismo es el franquismo, que se coloca mucho más cerca del tronco conservador.
d) Estado de Bienestar y neoliberalismo. Teorías sobre el Estado de Bienestar. Ciudadanía civil, social y política democrática en el Estado de Bienestar. Entre Keynes y Beveridge. Crisis del Estado de Bienestar. Critica al Estado de Bienestar. Democracia, sociedad y estado en el neoliberalismo.
Beveridge, Willian: (1944) Las bases de la seguridad social, México, F.C.E..
Offe, Claus: (1991) Contradicciones del Estado de Bienestar, México, Alianza. Cap. 5.
Rafart, Carlos Gabriel (2002) Estado de Bienestar Estado Neoliberal. Publifadecs, Roca.
Hayek, Friedrich (1995). Caminos de la servidumbre Madrid, Alianza. Prefacio de 1976,Cap. 6 y 14. Págs. 24 a 28; 105 a 121 y 245-264
Estado de Bienestar
Estado de Bienestar, Estado del Bienestar, Estado Benefactor, Estado Social, Estado Asistencial, Estado Asistencialista, Estado Providencia, entre otras fórmulas, identifica al fenómeno histórico y político de una época del capitalismo desarrollado que muchos reconocen como su período de oro. Su estructura e historia comprende desde el fin de la Segunda Guerra mundial y mediados de la década del setenta. Fue parte de la historia de occidente desarrollado con la que se intentó plasmar el compromiso y la paz social, la gestión de la demanda y la producción en masa, además del control del riesgo social en el marco de una economía capitalista en expansión. La estabilidad y el consenso social del Estado de Bienestar fue posible con el crecimiento económico y la expansión de servicios sociales en el marco de una gestión de un Estado interventor que aceptaba la puesta en práctica de instituciones democráticas.
Autores como Ernesto Isuani trata de ofrecernos mayores precisiones: El Estado Benefactor consiste en un conjunto de instituciones públicas supuestamente destinadas a elevar la calidad de vida de la fuerza de trabajo o de la población en su conjunto y a reducir las diferencias sociales ocasionadas por el funcionamiento del mercado. Ellas operan en el terreno de la distribución secundaria del ingreso mediante transferencias monetarias directas (pensiones, prestaciones por desempleo o asignaciones familiares) o indirectas (subsidios o productos de consumo básico), provisión de bienes (programas de complementación alimentaria) y prestación de servicios (educación o salud). El establecimiento de regulación protectora de las condiciones de trabajo (higiene en fábricas), del medio ambiente o de la calidad de bienes y servicios, es finalmente otro instrumento del Estado Benefactor.
Razones “estructurales” que hicieron posible el Estado de Bienestar: 1) El mantenimientodelorden social. Como respuesta al surgimiento de la cuestión social durante el siglo XIX, esto es, de un movimiento obrero como político en cada escena nacional dispuesto a exigir modificaciones profundas en sus condiciones de existencias materiales, políticas y morales.Ante el temor que la radicalización de las masas obreras llevara al sistema capitalista a un callejón sin salida, el Estado y sus clases dominantes reaccionaron a fin de lograr desde el control hasta el consenso y la cooperación de los trabajadores al sistema capitalista imperante. 2) Legitimación y apoyopolítico. Las instituciones del E. de B. obedecieron a las necesidades de legitimación y apoyo político de nuevos segmentos de la sociedad que fueron ingresando a la vida política en virtud de la ampliación del sufragio y de la competencia política, tal cual lo sucedido con las clases no burguesas. 3)Moderar el funcionamiento del capitalismo. A través de muchas de las políticas ensayadas por el E. de B. se procuró morigerar la dinámica anárquica del sistema capitalista, especialmente en el mercado de trabajo, y como consecuenciano esperada pero luego aceptada, sostener la demanda solvente. 4) El impulso de los reformistas. Desde mediados del XIX la pobreza y la cuestión social comenzaron a ser atendidos por un importante sector de intelectuales, publicistas y políticos. Era un conjunto de hombres dispuesto a superar los prejuicios moralistas y políticos. Sus iniciativas modificaron las estructuras administrativas de los Estados, consolidando una poderosa maquinaria que una vez lanzada prácticamente no podía detenerse. Estos reformistas provendrán de diversas tradiciones ideológicas: desde el campo religioso, del nacionalismo, el reformismo liberal, el conservadurismo, la socialdemocracia, etc.
Keynes y Beveridge
Las políticas económicas de corte intervencionistas, implementadas por los distintos gobiernos luego de la gran crisis del capitalismo de 1930, operaron a modo de un nuevo impulso en la configuración plena de los E. de B. Su responsable: el inglés John Maynard Keynes (1883-1946). Sus ideas y medidas políticas en gran parte rompieron con la ortodoxia liberal y marcaron una nueva época de políticas económicas. Keynes comenzaba criticando muchas de las “verdades” provenientes de la explicación liberal del desarrollo de la economía, señalando que la crisis de 1930 debía solucionarse con medidas y estrategias de naturaleza diferente. Sus principales ideas fueron expuestas en su obra más conocida “Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero” (1936). Las políticas keynesianas dieron sustento y reforzaron la idea del bienestar al promover el crecimiento de la demanda interna a través del uso de mecanismos políticos. Además con la intervención estatal se aumentaba el gasto público relanzaba al capitalismo al generar una demanda adicional que movilizara los recursos ociosos (mano de obra, tecnología y equipos industriales).
Debemos considerar además a Lord Willian Beveridge, que junto a las políticas de Bismarck medio siglo antes y las propuestas de Keynes, forman parte de la triada que dio sentido al moderno E. de B. Beveridge se planteaba una lucha sin cuartel contra cinco males: la indigencia, las enfermedades, la ignorancia, la suciedad y la ociosidad. La propuesta beveridgiana comprendía el seguro de enfermedad, pensiones a la vejez, a viudas y huérfanos, ampliación de la cobertura a los trabajadores por accidentes y enfermedades del trabajo, la asistencia pública y de determinadas categorías de discapacitados. Además incluía un Sistema Nacional de Salud. Dos principios fundamentales sostenían al Plan, el de uniformidad y el de universalismo.
En síntesis, las ideas de Keynes y Beveridge fueron el sustrato común para el E. de B. de postguerra. En palabras de uno de sus estudiosos se basaba en dos pilares, uno Keynesiano y el otro Beveridgiano.(...) Ciñéndonos a sus componentes más esenciales, el elemento Keynesiano defendía la capacidad del gobierno para controlar la demanda en una economía de mercado a través de una intervención adecuada, por ejemplo, aumentando el gasto público durante las recesiones, especialmente con elobjetivo de mantener el pleno empleo (...) Podemos considerarlo como el componente "económico" del estado de Bienestar. Por otra parte, el concepto Beveridgiano de seguridad (entendido en sentido amplio) constituía el componente "social", en oposición a los riesgos de la economía de mercado (Misrha, Ramesh).
Se constituyó durante los E. de B. una profusa red de seguridad social, el llamado salario social, las políticas de intervención en los mercados y las nacionalizaciones, el creciente gasto público, el objetivo del pleno empleo, la expansión del empleo público y el reconocimiento e institucionalización de las organizaciones sindicales y patronales. Las políticas de Bienestar gestadas desde un conjunto de instituciones estatales llevaron necesariamente al incremento del gasto público y al aumento de las cargas fiscales. Para principios de la década de 1970 el gasto público del E. de B. rondaba el 50 % del P.N.B. Esto supuso que el Estado en los principales países capitalistas avanzados se había convertido en el empresario más importante. Con respectos a las cargas fiscales, el aumento de las tasas fue creciendo significativamente como medida para responder a los gastos.
Otra característica destacada del funcionamiento de los E. de B. es la interdependencia de la política social y la salarial. Esto fue posible con la institucionalización del movimiento obrero a través de su reconocimiento como entidad de pleno derecho y su participación en lo que muchos autores han denominado arreglos corporativos. En estos arreglos el Estado y las corporaciones patronales se transformaron en los verdaderos protagonistas políticos, desdibujando muchas veces el lugar de los partidos políticos y de su competencia electoral. Sindicatos y entidades patronales se constituyeron en verdaderas corporaciones en el sentido de organizaciones reconocidas de interés público, que están en condiciones de ejercer el monopolio de la representación de sus adherentes. Desde los acuerdos “coroporativos” y la vigencia del llamado salario social mejoraran las condiciones de vida de los trabajadores. El salario social consistirá en la provisión colectiva, a través de la gestión del Estado, de transferencia (sistema de ingresos, pensiones y jubilaciones, asignaciones familiares, becas de estudios, etc.), de bienes y servicios corrientes (educación y atención médica), de bienes de capital (viviendas, escuelas, hospitales) y subsidios (para la alimentación o la construcción de viviendas). En suma el salario social es aquel conjunto de prestaciones sociales del Estado en dinero y “especie” a las que acceden los asalariados (y otros sectores de la población necesitados) en virtud de su condición de “ciudadanos”. Incluye tanto las prestaciones directas del Estado como las de la seguridad social. (Marshall, Adrina)
No debemos dejar de señalar, que otro aspecto central de la naturaleza de los Estados de Bienestar corresponde al dominio de una modalidad de organización de la producción en las industrias más dinámicas (de bienes de consumo durables –electrodomésticos y automóviles) conocidas como Fordistas. Esta forma de organizar la producción fue importante no solo por la alta productividad generada, sino por cuanto los trabajadores comprendidos dentro de ellas, obtuvieron mejoras sustanciales de sus ingresos y relaciones laborales negociadas en los Convenios laborales. Sus ingresos relativamente altos con respecto a otras categorías de trabajadores, los transformaron en importantes consumidores, alentando la demanda. La consecuencia más visible de ello será que el consumo de los trabajadores formará parte imprescindible del proceso de acumulación capitalista.
La ciudadanía social en el Estado de Bienestar.
Durante la Segunda Guerra y sobre todo en la posguerra en los países capitalistas desarrollados se les “pudo dar una carnadura más o menos razonable (aunque desigual) a los principios de la Declaración de 1948, que en el resto del mundo o fueron implementados muy parcialmente o sólo quedaron en buenos deseos”. Lord Willian Beveridge de alguna manera concretó la base del E. de B.“consumado una feliz unión entre el liberalismo económico y la socialdemocracia o alumbraba “un tipo de capitalismo ablandado por una inyección de socialismo” (Nun)
Fue elinglés M. T. Marshall en una conferencia dictada en Cambridge en 1949, quién planteo la distinción que se transformó en clásica en los componentes civil, social y político de la ciudadanía. Para ello identificó dos tipos de socialismo, al que denominó sencillamente Socialismo “A” y “B”. Este último “combina los principios de política social propios de los liberales más avanzados con una disposición a confiar en la potencialidad y en la eficacia de la acción del Estado”. Marshall elaboró un modelo evolutivo sobre el avance de los derechos, primeros civiles, luego políticos y por último, los sociales. El tercer conjunto de derechos, según Marshall, resultan característicos del siglo XX. Estos surgen, por ejemplo “cuando se establece la educación primaria obligatoria y pública, que debe ser vista, nos dice, “no como el derecho del niño a ir a la escuela sino como el derecho del ciudadano adulto a haber sido educado”. Fue el E. de B. el que colocó a los derechos sociales a igual nivel que los otros dos elementos de la ciudadanía al legitimar “un derecho universal a un ingreso real que no guarda proporción con el valor de mercado de quien lo reclama” y pone a cargo de la autoridad pública la obligación de hacerlo efectivo”. (Nun)
Neoliberalismo y neoconservadurismo
El término neoliberalismo es usado por primera vez en 1955 por Carl J. Friedrich. Los principales autores de esta corriente prefieren llamarle sencillamente “liberalismo”. Autores como Anthony Giddens prefiere hablar de nueva derecha o neoliberalismo para dar cuenta de este amplio movimiento de ideas y de acciones políticas que están a favor de la expansión indefinida de las fuerzas de mercado. Esta se expresa en Friederick J. Hayek o de Milton Friedman, así como también, en sus fuentes inspiradoras y medidas de corte conservador llevadas a cabo durante los gobierno de Ronald Reagan en los EEUU y Margaret Thatcher en Gran Bretaña durante la década del ochenta del siglo XX. Tambiénlos cultores de la escuela de Public Choise norteamericana: Gordon Tullock, James Buchanan, Anthony Dawns. Tambien a Daniel Bell. Entre las sociedades intelectuales más conocidas: Mont – Pelèrin fundada por Hayek en 1947, la llamada escuela de economía de Chicago y la Comisión Trilateral.
Critica al Estado Benefactor
Para los principales exponentes del neoliberalismo el desarrollo del Estado de Bienestar ha ido demasiado lejos. El remedio para relanzar el capitalismo después de la crisis del treinta fue mucho más drástico y nocivo que la enfermedad que se pretendió sanar. Se impuso una sola voz: había que poner en su sitio al E. de B. de las democracias de masas, en la línea de desarrollo de las sociedades liberales-capitalistas.
Las críticas lograron consenso cuando los efectos combinados de altas tasas de desocupación, incontrolada inflación, abultado déficit estatal y sobre todo, crecimiento nulo hasta negativo de la economía, generaron un inocultable malestar. El diagnóstico fue claro y preciso: fallaban las formas políticasde gestión de la economía y la sociedad. El responsable de todo era el E. de B. Se hablo de ingobernabilidad, crisis fiscal, rigidez en los mercados, la “mano de obra no trabaja”, demasiados desincentivos hacia el trabajo y el capital, que el capital enfrentaba muchos condicionamientos.
Fueron los neoconservadores quienesdirigieron sus embates a las pretensiones igualitarias de las políticas benefactoras y el avance del Estado sobre la más primaria de las instituciones de regulación social, la familia. También la crítica está destinada la “excesiva” centralización de la administración estatal sobre las comunidades locales. Insistían que durante la larga vigencia del E. de B. la creatividad y el talento del individuo y la unidad familiar se ha visto erosionada por una presencia excesiva de la política. Neoconservadores-neoliberales tienen como principal fuente teórica a la economía Neoclásica de Alfred Marshall. Esta nunca había perdido vigencia, aun cuando fuera oscurecida por el predominio de la Teoría Keynesiana y sus políticas de gestión de la demanda. Otra vez el punto de partida es la crítica abierta a John M. Keynes y sus políticas de intervención en la economía. Los neoliberales arguyen que en los tiempos del E. de B., la política económica aplicada dificultaba el control de la inflación y el recorte de los costes. Consecuentemente había que regresar a una de las premisas que hicieron posible el desarrollo del capitalismo: el aumento de los beneficios para los empresarios.
No fue extraño a este movimiento de ideas cierta consagración del pensamiento económico estrictamente liberal. El recién creado premio Novel de Economía respaldaba a esta corriente cuando en 1974 le fue concedido a Friedrich von Hayek, y en 1976 a Milton Friedman. En 1973 los partidarios del libre mercado dieron un paso importante cuando desde la dictadura militar recientemente inaugurada en Chile pudieron ensayar en ese país sus recetas.
Para los autores neoliberales el origen del orden en cualquier sociedad se encuentra alejada totalmente de los que ellos llaman economías de mandato,de cualquier planificaciónpor más racional que sea. La sociedad posee, una cualidad orgánica, que le da sentido y coherencia: la coordinación espontánea que surge de un mercado libre constituye su fundamento. A la economía de mandato se la debía enfrentar regresando a una economía al intercambio voluntario. El programa neoliberal en el campo de la economía, sustentado por gobiernos neoconservadores, es simple y directo: promover el crecimiento económico, bajo la égida del libre mercado; tal propósito solo es posible si hay un aumento sostenido de la tasa de ganancia del capital privado; para ello se requerirá un marcado descenso de los salarios a fin de reducir significativamente el costo de la fuerza de trabajo; manejar adecuadamente la oferta monetaria; una contención del gasto publico social; amplia política de privatización.
Estos lineamientos se ven claramente en la política social que adquiere el sentido de gasto, alejada de toda consideración de desarrollo social, colocándose en la oposición a toda formula universalistas tal cual la formula del E. de B. La política social debe ser de carácter asistencial, de compensación hacia los sectores sociales en condiciones de extrema pobreza. Igual que un mercado sin interferencias extemporáneas es el que mejor asigna los recursos en una sociedad libre, los neoliberales consideran que también este debe asignar la cuota de bienestar social. Coincidentemente, quienes ahondan los aspectos conservadores, creen que frente a la pobreza y dificultades solo las familias y las comunidades (privadas o locales) deben ser quienes traten de otorgar la cuota de recursos para afrontar estos males.
Las medidas institucionales seguidas tuvieron como propósito central desmantelar todo el conjunto de oficinas y planes dedicados a la seguridad social. En muchos países se llevo a quelos “bienes” dispendiados por E. de B., de tipo salario social - jubilaciones y otras retribuciones indirectas- pasaran a formar parte del conjunto de mercancías que se venden y se compran como cualquier otra en el mercado.
Estado mínimo, fronteras claras entre lo social y lo estatal, es parte de la estrategia común de los nuevos liberales y de los también nuevos conservadores. Su concepción del poder es negativa, como coerción que pone limite a la libertad. Su “política” está destinada a reducir significativamente la política, como razón técnica de conservación de las condiciones institucionales que permitan el adecuado funcionamiento y desarrollo de la competencia económica.
Democracia, igualdad y modelo estatal
Tal cual sostiene Ama M. Ezcurra el neoconservadurismo retomo y vigorizo fuertemente la noción de capitalismo democrático. Se trata de una idea clave, constitutiva e instituyente de un consenso ideológico estadounidense extendido, preservado y duradero, que no solo conlleva una adhesión sin fisura entre capitalismoy la democracia liberal, sino que establece una relación necesaria entre ambos.
Sin embargo algunos autores consideran que hay en el neoliberalismo una concepción de la democracia en oposición al liberalismo democrático. Niega a este último porque desde allí hubo quienes pusieron el acento no en el cambiode los gobernantes, sino en un proceso colectivo que apuntara al desarrollo del hombre y a consolidar el interés general de la sociedad. Rechaza a aquellos que ligaron estrechamente liberalismo y democracia para acercar posiciones entre libertad e igualdad, entre libertad política e igualdad social, que creyeron que ambas dimensiones se había reunido durante la vigencia de los E. de B.
La Comisión Trilateral, fundada en 1973, que había reunido los mejores científicos sociales y más próximos a los gobiernos de Occidente desarrollado y de Japón, al exponer sus resultados, populariza la formula de ingobernabilidad con la que intento dar cuenta de los problemas derivados de un exceso de democracia. Las consecuencias, sin duda ideológicas eran muy claras: estaba en peligro la existencia de las sociedades liberales. Esos peligros provenían de: las desmedidas exigencias de control y mayor participación en los órganos de decisión política; la pérdida de confianza hacia las instituciones políticas, acompañado de una elevada sensibilidad pública hacia los abusos depoder de los órganos ejecutivos; la disposición de una parte de la población hacia comportamientos políticos “no convencionales” que llevaron el nacimiento de nuevos movimientos sociales e institucionales (las Organizaciones No Gubernamentales); la creciente exigencias hacia temas de profundas implicancias éticas (el aborto); la alta volatilidad electoral y la perdida de credibilidad de los partidos tradicionales, acompañado de la aparición de organizaciones políticas basadas en intereses muy específicos; una mayor predisposición a la protesta social.
Las consecuencias de estas tesis se dirigían a pensar en una democracia de otro orden. ¿Democracia restringida? ¿Democracia de baja intensidad? ¿Democracia limitada? Cualquiera de los adjetivos utilizados apuntaba a lo mismo, despojar a la democracia de su activismo real o potencial.
Sin duda el neoconservadurismo es más sociológico que económico. Para estos la modernidad tiende a disolver las instituciones de continuidad histórica que proporcionan un marco moral para la vida. Consideran que esa modernidad, por efecto de un estado totalizador (el E. de B.) ejercen un efecto devastador sobre la constitución de la sociedad: promueve un sentido homogeneizador y consecuentemente, eliminan las particularidades locales. Destacan el papel fundamental de la familia, la religión y la comunidad local como pilares fundamentales para sostener el orden social, y sobre todas las cosas, para construir una sociedad moralmente deseable. La lucha contra las políticas abortistas y los intentos de secularización de la sociedad están al orden del día.
Frente a un problema constitutivo del orden social, el abuso dela cuestión de la igualdad de oportunidades fue otro tema de reacción liberal conservadora. Las tesis al respecto tenían una simpleza llamativa. El problema era el de siempre: la relación entre una pretenciosa igualación de lo imposible y su relación con la libertad. Para este pensamiento la sociedad sólo puede ser el agregado de intercambios entre los individuos.¿Tiene alguna base estos intercambios? Sí. Este es un sistema de tradiciones homogéneas que se trasmiten en las instituciones que han sido probadas por el paso del tiempo. La familia, la comunidad, la iglesia, el Estado y la gran novedad introducida con respecto al viejo conservadurismo es el mercado. Este último componente es clave. Se sostiene que la igualdad ante el mercado, fundado en el principio del individualismo posesivo del hombre, hace libre a los hombres. Sin embargo las cosas se detienen en este reconocimiento. La igualdad ante el mercado, aceptada la igualdad jurídica, necesariamente conlleva a la desigualdad económica y social.
Unidad III
Democracia y representación
1) La democracia como concepto.
Bobbio, Norberto. (1996) Democracia en Norberto Bobbio: el filósofo y la política (Antología) México, FCE. Pág.229-238.
Sartori, Giovanni. (2003) ¿Qué es la democracia? Madrid, Taurus. Pág. 201-220.
Las democracias como concepto
Según José Nun el concepto de democracia posee una típica estructura de parecido de familia. Por cuanto recurrimos a esta “palabra cuando hablamos de regímenes políticos particulares no tanto a causa de la propiedades comunes que poseen sino que, en verdad, acaban poseyendo estas propiedades comunes de resultas de la operación que los clasifica como democracias: todo depende de los criterios que se convenga en considerar relevantes y del punto en que se acuerde dejar de hacer distinciones” (Nun, 2000, pp. 15). De allí que puedan señalarse como democracia tanto una monarquía constitucional como una república.
No hay un único concepto de democracia. Tampoco hay un cuerpo teórico definido. Ello responde a su naturaleza histórica: a los atributos que fueron dándole diversos contenidos y formas, además de la valoración y el compromiso que han tenido con la “idea” de democracia las diversas tradiciones políticas. Inicialmente podemos aceptar dos formulas que se diferencian por la participación de los ciudadanos en el espacio público: la primera la democracia entendida como expresión efectiva de la voluntad general, es decir, como el gobierno del pueblo ...;la otra que la concibe como soporte del gobierno de los políticos. (Nun, José, 2000). La primera, se adecua al imaginario construido históricamente – en los tiempos antiguos - acerca de la democracia directa (en términos de Madison: una sociedad de pocos ciudadanos que se reúnen y administran de persona la cosa pública, citado por Sartori) y, la segunda supone responder a la idea de democracia representativa, ya en tiempos de los modernos. En ese desarrollo histórico la noción de democracia estuvo hasta el siglo XIX asociada a la de los gobiernos turbulentos, a la presencia de fuertes disidencias de clase y a las pretensiones unanimistas de la sociedad. Superada esa mirada negativa, la democracia adquirió un tono positivo al asociarse al término de liberal y/o república.
En general se acepta que referir a la democracia política moderna es identificar un sistema de gobierno en el que los gobernantes son responsables de sus acciones en el terreno público ante los ciudadanos, actuando indirectamente a través de la competencia y la cooperación de sus representantes.
Actualmente, las elecciones regulares conducidas limpiamente y con un conteo honesto de los sufragios, son condiciones necesarias, pero no deben llevarnos a reducir la democracia al electoralismo. Una visión reducida de ese tenor refiere a democracia electoral. A pesar de ello, las elecciones son centrales a la democracia moderna, ya que forman parte de la variedad de procesos competitivos y de canales para la expresión de los intereses y valores, tanto asociativos como partidarios, funcionales y, también, territoriales, colectivos e individuales. En toda aproximación conceptual, además de los aspectos señalados, cuenta el atributo de la mayoría, formula que define los arreglos que resuelven la tensión entre el número y las intensidades que expresan políticamente toda representación. En otros términos, es la vieja e insalvable relación entre votos e intereses.
Otros autores ofrecen diferentes versiones de democracia:
Para Adam Przeworski democracia: es un sistema en el que los partidos pierden elecciones. Hay partidos, o sea, división de intereses, valores y opiniones; hay competencia regulada. Y hay periódicamente ganadores y perdedores.
Samuel Huntington define la democracia como un sistema político que existe en la medida en que sus líderes más poderosos son seleccionados a través de elecciones limpias, honestas y periódicas en las que los candidatos compiten libremente por los votos y virtualmente toda la población adulta puede votar.
Para Giuseppe Di Palma la democracia se basa en el sufragio libre y limpio en un contexto de libertades civiles, así como en la existencia de partidos competitivos, en la selección de candidatos alternativos para los cargos y en la presencia de instituciones políticas que regulan y garantizan el papel del gobierno y de la oposición.
En cambio Larry Diamond, Juan Linz y Seymour M. Lipset la democracia es un sistema de gobierno que cumple con tres condiciones esenciales: competencia amplia y significativa entre individuos y grupos organizados (es especial los partidos políticos) para ocupar los cargos oficiales de poder efectivo, en forma periódico y con exclusión del uso de la fuerza; un grado altamente inclusivo de participación político en la selección de los dirigentes y de las políticas públicas, al menos a través de elecciones limpias periódicas, de las que no es excluido ningún grupo social importante (de personas adultas); y un grado suficiente de libertades civiles y políticas –libertad de expresión, libertad de prensa, libertad para crear organizaciones y para afiliarse a ellas – que asegura la autenticidad de la competencia política y la participación
Sheila Benhabib: es un modelo para organizar el ejercicio público y colectivo del poder en las principales instituciones de una sociedad sobre la base del principio de que las decisiones que afectan el bienestar de la colectividad pueden considerarse el resultado de un procedimiento de deliberación libre y racional entre individuos considerados moral y políticamente iguales entre sí.
Para John Rawls la democracia es un sistema de derechos, que confía al “juez” un papel decisivo en la aplicación de un procedimiento de decisiones equitativo, que trate a todos por igual mediante prácticas jurisdiccionales dirigidas a tutelar el derecho fundamental a igual consideración y respeto.
Según Norberto Bobbio El orden democrático es aquel sistema de convivencia entre quienes son diferentes que, más allá del plano moral, permite a esos que son diferentes vivir juntos sin violencia y transmitir el poder último, que es el de tomar las decisiones colectivas obligatorias, de manera pacífica.
En síntesis podríamos señalar que habría una manera procedimentalista y otra sustancialista para definir y pensar a la democracia. Bobbio, si bien pareciera adherir a la primer formula también deja abierta una puerta para la segunda. Para el italiano la democracia es la forma de gobierno en la que rigen normas generales, las llamadas leyes fundamentales, que permiten a los miembros de una sociedad, por numerosos que sean, resolver los conflictos que inevitablemente nacen entre los grupos que enarbolan valores e intereses constantes sin necesidad de recurrir a la violencia recíproca.
Antes de llegar a esta definición Bobbio establece loscriterios de distinción de la democracia con respecto a otras formas de gobierno. Estos son: a) La titularidad del poder: la democracia como “poder” del “pueblo”. Se distingue de otras formas de gobierno porque este es un “gobierno popular”. b) La manera en que éste se ejerce: El “instituto de la representación” es que asociamos a la democracia de los modernos frente a la democracia de los antiguos donde el poder se ejerce directamente. La democracia directa ha quedado como un ideal limite. c) Los principios éticos que lo rigen: “amor a la igualdad”. Diríamos nosotros, como una pretensión a la igualación. d) Por las reglas para establecer quién decide y de qué manera: la regla de la mayoría.
Las democracias: distintos criterios para su conceptuación
Criterio histórico
Antigua
Moderna
Contemporánea
Occidental
|
De acuerdo a los grandes pensadores
Roussoniana
Madissoniana - Jeffersoniana
Schumpheteriana
Tocquevilliana
Smilliana
Wilsoniana |
Criterio nacional
Ya continental, ya nacional
Europea, Americana, etc.
Norteamericana
Suiza
Costarricense
Argentina, etc.
|
Basada en los procedimientos para la toma de decisiones
Directa - Indirecta – política - representativa – Formal
Deliberante - dialogante
Delegativa - Elitista
Electoral - Mayoritaria
Contramayoritaria
Plebiscitaria -Consociativa |
De acuerdo a las formas de gobierno
Presidencial
Parlamentaria
Semipresidencial
Presidencialismo de coalición o pluralista |
Basada en los objetivos de largo alcance
Política - Sustantiva
social – económicainclusiva – desarrollista exigente |
De acuerdo al sistema
económico social
donde prospera
Capitalista
Socialista
Comunista
|
De acuerdo a las tradiciones “duras” o “blandas”
Liberal – Socialista Populista – Neoliberal orgánicas o conservadoras |
Basada a quienes protege, a quiénes esta dirigida o en todo caso a quiénes sirve
Social – elitista – partidariaburguesa – proletaria
popular – pluralista
inclusiva – (poliarquía) |
De acuerdo a su extensión
Amplias - Extensas
Restringidas
Cencitarias |
Las calificaciones recientes. Entre el tiempo y los deseos
Vigiladas – tuteladasinconclusas – excluyentes incompletas –intensasperfectible – responsable multicultural – global neoliberal – privatizadorasustentable – deseables consolidadas – estables - fortalecidas – duraderas institucionalizadas efectivasimpotentes – maduras realista
o realmente existentes exigentes – Alzheimer |
Los nexos
De: ciudadanos, masas, partidos, libre mercado, elites, encuestas, de los medios.
Para las elites, el pueblo, la libertad, la igualdad, los ciudadanos
Como protección, desarrollo, gobierno, educación, cultura, agencia, igualdad de condiciones, participación, método
En transición, decadencia, tensión, progreso, retroceso, elaboración
Sin ciudadanos, política, pasión
Con libertades, garantías, ciudadanos, república |
2) Modelos de democracia.
a) Democracias: La democracia liberal. Modelo schumpeteriano de democracia y el sistema de elecciones económicas. La democracia como procedimiento deliberativo. La democracia como participación. La democracia delegativa. La democracia como sistema de justicia. La contrademocracia. ¿Nuevas democracias?
Macpherson, C. B. (1977): La democracia liberal y su época, Madrid, Alianza. Págs. 7-34, 95-138.
O`Donnell, Guillermo (1997): Democracia Delegativa Contrapuntos. Buenos Aires, Paidos.
Greblo, Edoardo (2002): Democracia Buenos Aires, Nueva Visión. Capítulo IX y X.
Rosanvallon Pierre (2007) “El debate sobre la democracia y la política de esta época”. Reportaje de Mario Wainfeld y Fortunato Mallimaci en Página 12, Buenos Aires, 25 de noviembre.
Democracia liberal: es aquel sistema institucional que reconoce a todos los seres humanos concediendo y protegiendo sus derechos. La democracia liberal y el capitalismo están unidos porque el desarrollo económico favorece las condiciones de la autonomía individual. Las instituciones democráticas liberales tienden a los individuos y grupos a liberarse de las esferas política, en tanto para su adecuado funcionamiento debe darse una estricta separación entre estado o sociedad política y sociedad civil.
Modelo schumpeteriano de democracia
En general, las aproximaciones conceptuales dominantes en nuestra época apelan a aspectos como la competencia electoral limpia, la libertad de elección, la presencia de partidos, la centralidad de las élites, los fines propuestos, la producción de gobiernos, entre otros. Por ejemplo, para Joseph Schumpeter, la democracia no es más que un método, o en sus términos: es el arreglo institucional para arribar a decisiones políticas mediante el cual los individuos adquieren el poder de decisión mediante la lucha competitiva por sus votos. El realismo de esta perspectiva “parte de juzgar a la democracia como un método político y no como un fin en sí misma”. Siguiendo a José Nun la síntesis de la propuesta schumpeteriana es la siguiente: tradicionalmente se cree que en una democracia el electorado define y decide las controversias políticas primero y designa después a un conjunto de representantes para que se ocupen de implementar tales decisiones. ... en esencia de la visión gobierno del pueblo. Sin embargo, salvo casos excepcionales, en la práctica ... la secuencia se invierte: primero se elige a los representantes y son éstos quienes luego se encargan de resolver las controversias y de tomar las decisiones. Su modelo contiene un único elemento democrático, mediato: que es la competencia electoral. Pero, a la vez, sus juicios tan negativos sobre el electorado hacen que a primera vista no se entienda por qué supone que los votantes estarán en condiciones de intervenir válidamente en esa competencia ... una sola repuesta cabe a esto: se requeriría una menor dosis de racionalidad para elegir a los dirigentes, que para decidir las políticas a aplicar
Continuando con la interpretación que hace Jose Nun de Schumpeter este considera que el método democrático solo puede funcionar en los países capitalistas desarrollados. Establece cuatro condiciones para el éxito. Todas ellas giran en torno a las características de sus dirigentes. 1) Hace a los peligros que implica la profesionalización: corrupción, encierro corporativo, la manipulación de los recursos para la perpetuación en el poder, etc. Solo se lo puede evitar con “el material humano de la política debe ser de una calidad suficientemente elevada”. Y eso es posible consagrando un “estrato social” dedicado enteramente a ella. 2) Se debe excluir determinadas cuestiones del campo de las decisiones políticas poniéndolos en manos de especialistas. 3) Debe afirmarse una burocracia bien capacitada. 4) La “autodisciplina democrática” suponiendo un respeto absoluto por la ley y un alto grado de tolerancia hacia las diferencias de opinión por parte de la ciudadanía. Supone entonces que el éxito de la democracia depende del elevado nivel intelectual y moral de la ciudadanía.
Resumiendo: “buena parte de la popularidad de la que goza Schumpeter está basada en un malentendido. ... ya que este “no creía en el gobierno del pueblo pero estaba convencido de que, en ausencia de una serie de requisitos muy precisos, el gobierno de los políticos desembocaría, mas tarde o más temprano, en un mero simulacro de régimen democrático. Y ello a pesar de que hubiese partidos políticos o elecciones periódicas. Ya había dicho Jefferson que de nada vale que a los déspotas “los hayamos elegido nosotros mismos: un despotismo electivo no es el gobierno por el cual hemos luchado”.
Las democracias actuales se las reconoce por sus adjetivaciones que a la vez construyen la única formula hoy existente. Algunas de ellas son representativas, liberales, poliarquicas.
Democracia representativa: puede ser asimilada a la democracia indirecta. En términos generales la expresión “democracia representativa” quiere decir que las deliberaciones colectivas, es decir, las deliberaciones que involucran a toda la colectividad, no son tomadas directamente por quienes forman parte de ella, sino por personas elegidas para este fin (Bobbio, 1984). No importa que la sede de la representación este bajo un sistema republicano, presidencialista o parlamentario, importa que las deliberaciones políticas y las decisiones sean realizadas por personas elegidas para tal fin. La clave de esta democracia esta en los principios de la representación. Siguiendo la distinción de Benjamin Constant estamos hablando de la democracia de los modernos. El sufragio, hecho sobresaliente de la democracia representativa contemporánea es el voto no para decidir, sino para elegir a quién deberá decidir.
La democracia delegativa: Según Guillermo O´Donnell son aquellas que sebasan en la premisa de que la persona que gana la elección presidencial está autorizada a gobernar como él o ella crea conveniente, sólo restringida por la cruda realidad de las relaciones de poder existentes y por la limitación constitucional del término de su mandato. El concepto surge a mediados de los noventa (Siglo XX) como resultado de situaciones de crisis donde la falta de entusiasmo de amplios sectores de la población, que solo expresan su opinión a través de las urnas, dejando el manejo de los asuntos políticos a las elites o en manos de un presidente delegativo. Se produce un proceso de delegación de responsabilidades que es operado de manera discrecional por quien ejerce la autoridad política.
Democracia como Poliarquía Desde la ciencia política norteamericana se prefiere utilizar el término de poliarquía. Robert Dahl (1953) elaboro este concepto. El termino se deriva de las palabras griegas muchos y gobierno. Su significado más inmediato es el gobierno de los muchos en oposición tanto al gobiernos de pocos y al gobierno de todos (este es el que se acerca al concepto clásico de democracia).Los atributos de las democracias polarquicas según Robert Dahl son: autoridades públicas electas, elecciones libres y limpias, sufragio universal, derecho a competir por los cargos públicos, libertad de expresión, información alternativa, libertad de asociación. La impronta liberal en esta nueva fórmula queda reflejada en los últimos atributos que hacen a las llamadas “libertades contextuales”.
Guillermo O’ Donnellañade otros atributos a) Quienes ocupan las posiciones mas altas en el gobierno no deban sufrir la terminación de sus mandatos, antes de los plazos legalmente establecidos; b) Las autoridades electas no deben estar sujetas a restricciones severas o vetos ni excluidas de ciertos ámbitos de decisión política por actores no electos, especialmente las FFAA; c) debe existir un territorio indisputado que defina claramente el demos votante y; d) debe darse una dimensión intertemporal: la expectativa generalizada de que el proceso electoral y las libertades contextuales se mantendrán en un futuro indefinido.
Principios que hacen viable la democracia: por el consentimiento del pueblo opor el consentimiento contingente de los políticos que actúan bajo condiciones de incertidumbre limitada. Ello se define en dos campos: el de una oposición leal y el del consentimiento (legitimidad) como derecho a gobernar y la obligación de obedecer. Uno apunta al nivel vertical de la clase política y otro al vínculo horizontal con los ciudadanos.
Todo esta sometido a las reglas de prudencias que hacen a una cultura cívica. Nuestra afirmación es que el consentimiento contingente y la incertidumbre limitada pueden surgir de la interacción entre actores antagónicos y mutuamente sospechosos y que las normas más benévolas y bien implantadas de una cultura cívica se deben pensar más bien como un producto de la democracia y no como productoras de ésta
La “contrademocracia”:
La democracia se consolidó, pero no es la democracia esperada”, afirma el sociólogo brasilero Bernardo Sorj en un texto cuyo título es precisamente La democracia inesperada (Sorj, 2005). Además de la desigualdad social y la igualdad política lo inesperado del nuevo régimen que nos gobierna es haber expandido la política democrática. Está se encuentra en todos lados, afirman los que se niegan a los resultados formales –un hombre un voto garantido por la constitución- y hacen entonces de la esperanza de una “democracia inmediata” su programa para la acción. También se ha expandido una suerte de fundamentalismo democrático en el sentido de experiencias no negociable. Quienes asumen esta “fe” sugieren que cuenta la expansión del espacio público. Todo vale si es demanda y representación espontánea. Sus protagonistas principales son, como no puede ser de otra manera, los ciudadanos de a pie, los hombres corrientes, de esos que creen ver la política como la continuación “natural” de sus prácticas y moralidad de sentido común. Desde esa confianza se habla de ciudadanos que desde una manera abierta y franca ofrecen la voz más “sincera” de la democracia. Para estos los requisitos de la democracia encerrada en sus urnas y cuartos oscuros –la democracia electoral- no hace otra cosa que negar la naturaleza transparente de sus expresiones. Por ello la calle es su escena preferida. También los medios. Y últimamente es espacio comunicacional de Internet. La “autoconvocatoria” es la manera en que se organiza su voz. La impugnación a los partidos y la desconfianza visceral hacia los gobiernos son parte de esta nueva gesta.
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Por otra parte el historiador francés Rosanvallon nos dice que el gran problema de la democracia contemporánea “es que se pasa fácilmente de la desconfianza positiva a la desconfianza negativa. La democracia actual es un régimen ambiguo porque porta un desarrollo de la actividad ciudadana y mucha capacidad de destruir los fundamentos del sistema”. De allí la expresión “contrademocracia” que abarca organizaciones de la sociedad civil muy activas pero también otras que ejercitan una soberanía negativa, de rechazos”. La paradoja de esta soberanía negativa que parte de una politización negativa –la antipolitica- es que se funda en una demanda de mayor democracia. Por ello no logra entenderse adecuadamente con el momento fugaz de una elección que corta cierto proceso deliberativo y da sentido a la legitimidad de un gobierno. A través de esa democracia permanente busca su destino no la democracia misma –como expresión de mayorías que gobiernan- sino la menos democrática experiencia vital de una cultura del liberalismo.
Unidad III:
Democracia en la Argentina. El gobierno representativo y los intereses
Modelos de democracia
b) Democracia en la Argentina.
Quiroga, Hugo (2006):La política en tiempos de dictadura y democraciaenQuiroga, Hugo y César Tcach (compiladores) “Argentina 1976-2006 Entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia”. HomoSapiens, Rosario, 2006 **
Botana Natalio R (2008).“Una democracia exigente”.